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Ciencias Naturales, Organismos, ambiente y sus interacciones

6° Básico

Extinción de animales y plantas

La extinción de una especie ocurre cuando esta desaparece definitivamente de nuestro planeta, llevándose consigo todas las características genéticas y probables adaptaciones específicas al medio que habitaba.

Durante millones de años, la extinción de las especies fue un proceso natural, cuyas causas en muchos casos se desconocían.

Los científicos, según el análisis de fósiles, han logrado determinar ciertas épocas, de varias decenas o miles de años, en las que desaparecieron especies, generalmente de forma masiva. Estos registros muestran la desaparición de grupos de organismos, quedando espacio para que nuevas formas de vida u otras ya existentes sobrevivieran, como ocurrió con la extinción de los dinosaurios, que facilitó el desarrollo, evolución y proliferación de los mamíferos.

Sin embargo, la aparición del hombre marca un antes y un después en lo que se refiere a la extinción de las especies. El hombre primitivo debía alimentarse y conseguir abrigo, por lo que utilizó los recursos que tenía a su alcance para sobrevivir: la flora y la fauna. Luego, se asentó en comunidades alterando los ambientes naturales de diversos organismos e interviniéndolos en beneficio propio, sin tomar en cuenta el gradual impacto de sus acciones sobre la subsistencia de muchas especies.

Si todo lo anterior ocurrió durante los primeros años del poblamiento terrestre, imagina las graves consecuencias que tuvieron el posterior desarrollo de la civilización, la Revolución Industrial y una serie de otros fenómenos que, con el tiempo, han influido con mayor fuerza en la naturaleza y las especies que la habitan.

No es extraño, entonces, señalar que en los últimos 500 años la intervención humana en nuestro planeta ha significado la pérdida definitiva de unas 800 especies, y que la cifra sigue aumentando día a día de manera alarmante.

Causas naturales

Algunos eventos meteorológicos tienen directa influencia en la supervivencia de las especies, tanto animales como vegetales. Sequías, inundaciones, tornados y huracanes son sólo algunos de los fenómenos que alteran el equilibrio ambiental y provocan importantes desplazamientos de animales y disminuciones significativas de las poblaciones.

Otro proceso normal de la naturaleza, es la competencia entre las especies. En todo ecosistema, los animales cumplen una función determinada y sus acciones están orientadas a satisfacer sus necesidades vitales. Para ello, compiten para conseguir los recursos necesarios, en una constante secuencia de traspaso de energía y nutrición. Sin embargo, cuando poblaciones enteras de animales se desplazan de manera forzosa (producto de otros procesos, principalmente por la destrucción o reducción de su hábitat), la competencia se altera notablemente.

Al llegar nuevas especies a un ecosistema ya establecido y con sus jerarquías claras comienza la carrera por quien consigue más y de mejor manera los recursos necesarios para sobrevivir, proceso que logran solo los más fuertes y aquellos que se acomodan más rápido a las nuevas condiciones.

La pérdida de la variabilidad genética, producto de la paulatina reducción de las poblaciones animales, también influye en la capacidad de supervivencia de la especie. La merma poblacional de una especie deriva en que esta posea menos herramientas para adaptarse rápidamente a los cambios, haciendo a los individuos que lo componen cada vez más vulnerables ante las amenazas naturales y humanas.

Amenazas humanas

En los últimos siglos, la acción humana sobre la naturaleza es la principal causa en la vulnerabilidad o extinción total de algunas especies. El ser humano es sindicado como el gran responsable de la desaparición de muchos organismos, ya que directa o indirectamente los daña, les destruye su hábitat e introduce especies ajenas, alterando drásticamente los ecosistemas.

La destrucción o alteración del hábitat de diferentes especies es la principal causa antrópica (relacionada con el hombre) que provoca la extinción de los animales.

Así, la tala de un bosque, el secado de una zona húmeda, la transformación de vastas superficies en áreas de cultivos comerciales y la expansión de centros urbanos son solo algunas de las acciones emprendidas por el hombre que reducen drásticamente el ambiente natural de muchos organismos.

Estas últimas no logran adaptarse a estas nuevas condiciones de vida rápidamente cambiantes, por lo que pronto comienza a disminuir la cantidad de individuos que componen la población, llegando a límites cercanos a la extinción o posiblemente a extinguirse.

El hombre también ha llegado a transar como mercancía algunas especies animales. Este comercio es considerado el tercer negocio ilegal más rentable, después del narcotráfico y la venta de armas, ya que, al año, genera cifras superiores a los 10 mil millones de dólares. Sin embargo, lo más alarmante tiene que ver con las cifras anuales de especies transadas y estas incluirían  el siguiente desglose: unos 50 mil primates, 140 mil colmillos de marfil (de animales como hipopótamos, elefantes y narvales, entre otros), 350 millones de peces tropicales, 10 millones de unidades de piel de reptil, 5 millones de aves vivas y 15 millones de unidades de piel de mamífero. Todas estas mercancías son comercializadas como bienes de gran valor a nivel mundial, pasando por alto todas las leyes existentes sobre protección y tráfico de especies animales.

Muchas de estas especies terminan como mascotas, transformadas en zapatos, bolsos, carteras o abrigos de piel. Incluso, un número no menor muere antes de ser procesado y de ser encerrado jaula, ya que el traslado de su ambiente natural a otro desconocido afecta su comportamiento y funcionamiento orgánico.

La contaminación de los ambientes naturales es otro de los problemas que dañan a las especies. Muchos animales mueren envenenados por acumulación de sustancias químicas resultantes de algunos procesos industriales, ya que el agua que beben o el aire que respiran contienen altas dosis de pesticidas, petróleo y gases contaminantes, entre otros agentes nocivos.

Algunas desapariciones

Lamentablemente, las paulatinas amenazas que afectan al reino animal han hecho desaparecer durante siglos numerosas especies. Algunas de estas se extinguieron en un pasado lejano y solo tenemos noción de su paso por nuestro planeta a través de sus restos fósiles, de algunos relatos o ilustraciones de la época en la que existieron.

Uno de los casos más populares de extinciones tempranas es la del pájaro Dodo (Raphus cucullatus), el que desapareció durante el siglo XVII. Esta ave, habitante típica de las islas Mauricio, adquirió características bastante particulares: al no poseer depredadores, no tenía la necesidad de volar y, por ende, sus alas se atrofiaron. Además, desarrolló patas musculosas y robustas y se movía con torpeza. Esto último facilitó su captura por parte de los marineros que llegaban a la zona, lo que unido a la destrucción de los bosques que habitaba y a la introducción de especies foráneas domésticas (que pronto se transformaron en depredadores directos) ocasionaron su desaparición definitiva en tan sólo 80 años.

Otro caso emblemático de extinción es el ocurrido con el tigre. Se alcanzaron a conocer hasta hace algunas décadas ocho subespecies de tigre, de los cuales, tres desaparecieron definitivamente: el Tigre del Caspio (Panthera tigris virgata), el de Bali (Panthera tigris balica) y el de Java (Panthera tigris sondaica). Las causas directas de la extinción de estas subespecies fueron la destrucción de sus hábitats, así como también el inicio de una cacería indiscriminada por diversión o para conseguir su llamativa piel.

El Tarpán (Equus ferus) era un animal bastante similar al caballo, habitante de las zonas más templadas de Europa y Asia. De altura más bien pequeña (no superaba el metro y medio) y cuerpo robusto, pasó de ser habitante común de las estepas euroasiáticas a extinguirse de manera total. Esto debido a que se le cazó para evitar el daño a los cultivos campesinos y la cruza con los caballos domésticos. Los últimos ejemplares fueron vistos a fines del siglo XIX.

Falsas creencias

Lamentablemente, la extinción de algunos animales se ha visto incrementada porque en algunas culturas se les asigna propiedades curativas y poderosas a ciertas partes de sus cuerpos.

Es así como el rinoceronte es perseguido sólo para obtener su cuerno, el que, según la medicina oriental, posee características sanadoras, al igual que los huesos, bigotes y colmillos del tigre.

Inminente extinción

Ya desde 1997 los científicos estaban en alerta, puesto que investigaciones realizadas en las riberas del río Yang-tse-Kiang (China) daban cuenta de la existencia de tan sólo 17 ejemplares de una especie de delfín de agua dulce, cuya población siglos atrás superaba los miles de ejemplares.

Se trataba del Baiji o Delfín chino (Lipotes vexllifer), cetáceo de color blanco, casi ciego y con un estrecho hocico, que durante años habitó los más de 600 kilómetros de extensión del río asiático.

Durante los últimos meses, diversos estudios señalaron la posible extinción total de la especie, ya que durante un largo período no se avistó a ningún ejemplar. Afortunadamente, en estos días se divisó un pequeño grupo de estos cetáceos, el que será trasladado a un ambiente acondicionado para su conservación.

Datos Icarito

¿Cuál es el objeto de estudio de la zoogeografía?
Se preocupa de la distribución espacial de los animales.

¿Cuál es el primer importador mundial de pieles de reptiles?
La Unión Europea.

¿Cuánto puede llegar a costar un kilo de carne de ballena en Japón?
Cerca de 280 mil pesos chilenos.

Especies animales en peligro

Un complicado panorama es el que enfrenta la biodiversidad de especies animales en nuestro planeta. El último informe entregado el 12 de septiembre de este año por la UICN reveló que el número de especies amenazadas de extinción alcanza las 16.306, cifra que integra tanto a plantas como animales. Respecto de estos últimos, el informe señaló que uno de cada cuatro mamíferos conocidos está en serio peligro de extinción, uno de cada tres anfibios y una de cada ocho aves. Además, 785 especies son declaradas oficialmente extintas y otras 65 solamente sobreviven en condiciones de cautiverio.

Estas son cifras que revelan no solo que muchas especies corren serio peligro de desaparecer, sino también demuestran que la pérdida de la biodiversidad de especies se ha transformado en un proceso progresivo.

Dada la cantidad de especies que año a año integran las evaluaciones, nos resulta imposible mencionar a todos los animales en peligro de extinción, así es que a continuación, analizaremos sólo algunos de los principales (por su riesgo de desaparición y por el consecuente impacto en la opinión pública) animales en peligro de extinción. De esta manera, encontrarás un panorama general de especies con problemas de conservación, agrupadas según su clase.

Mamíferos

Perseguidos durante siglos por ser fuente de alimento o abrigo, los mamíferos constituyen, a partir de los últimos siglos, uno de los grupos con mayor riesgo de extinción.

La reducción del hábitat es señalada como la principal causa de esta alarmante situación, ya que el explosivo crecimiento de importantes centros urbanos influyó directamente en las poblaciones de mamíferos. Esto es lo que sucedió en el sector de Asia suroriental, donde la densidad poblacional de países como China, India o Indonesia provocó la destrucción del ambiente natural de algunos mamíferos que, directamente, vieron mermadas sus poblaciones hasta niveles alarmantes.

No es extraño, entonces, constatar que en este sector, por ejemplo, hayan desaparecido tres de las ocho especies de tigres existentes y que algunos de los mamíferos que se encuentran al borde de desaparecer como pandas gigantes y orangutanes, habiten únicamente pequeños reductos de esta zona.

Entre las especies mamíferas cuyas poblaciones están al límite de la extinción de acuerdo a la Lista Roja 2007, se encuentran algunos de los más grandes simios. El Gorila occidental (Gorilla gorilla diehli), habitante de algunas zonas de África central, ha visto disminuida su población a niveles críticos (cerca de un 60% en 25 años), producto del virus ébola y también de la cacería afectando, incluso a las poblaciones de gorilas que habitan zonas protegidas.

Otros primates, como el Orangután de Sumatra (Pongo abelii) y el de Borneo (Pongo pygmaeus), se ubican en la categoría de Peligro crítico y en Peligro, respectivamente. La población de ambos mamíferos se ha visto reducida en un 80% en los últimos 75 años, debido, principalmente, a la tala ilegal de los bosques que habita. Incluso, tras el tsunami que afectó esta región en diciembre de 2004, el aumento en la demanda de madera y otros recursos naturales contribuyó a destruir con más fuerza el ambiente que habita esta especie.

El cambio climático también resulta ser una razón que afecta el estado de conservación de algunos animales. Tal es el caso del Oso polar (Ursus maritimus), otro mamífero de gran tamaño que si bien se ubica en la categoría de Vulnerable, corre serio peligro de alcanzar escalas más críticas. Esto porque el deterioro de su hábitat natural, producto del derretimiento de los hielos polares, ha reducido drásticamente su población y lo coloca en serio riesgo de desaparecer. Se estima que en los próximos 50 años, el retroceso de los hielos afectará de manera directa a estos enormes mamíferos, que dependen directamente de las superficies gélidas para cazar su alimento y reproducirse.

En otra zona extrema del planeta, donde escasamente habitan algunos animales y sobre todo mamíferos, como el desierto del Sahara (África), también existen algunas especies amenazadas. La Gacela dama del Sahara (Gazella dama) ha sufrido una fuerte disminución de su población, del orden del 80%, debido a la caza indiscriminada y a la alteración de su hábitat.

Según estudios de las Naciones Unidas, de continuar tal cual la preocupante situación de los mamíferos se podría producir la desaparición de casi un cuarto de las especies conocidas en los próximos treinta años.

Aves

En el mundo existen más de 9.900 especies de aves conocidas. Lamentablemente, cerca de 1.200 se encuentran en peligro de extinción, siendo otra vez la destrucción y degradación del lugar donde habitan la principal amenaza que deben sortear.
De acuerdo a informes de “BirdLife International“, uno de los principales organismos que monitorean este tema a nivel mundial, cerca de 180 especies se encuentran bajo el riesgo crítico de desaparecer, mientras que cuatro ya se encuentran totalmente extinguidas en estado salvaje.

La transformación de las praderas en zonas de cultivos intensivos, la pérdida progresiva de los bosques y el escaso grado de conservación que se les otorga a ambientes tan importantes para las aves, como los humedales, han ido mermando las poblaciones de diversas especies. Solo debemos cuantificar que la pérdida y destrucción anual de los bosques, a nivel mundial, alcanza los 13 millones de hectáreas, una superficie similar a la de Grecia, influyendo directamente en la supervivencia de algunas aves.

Nuevamente Asia lleva la delantera en cuanto a la intervención y degradación del hábitat, sobre todo en las islas de Borneo (que alberga a Malasia, Indonesia y Brunei) y Sumatra (Indonesia), donde se estima que tres de cada cuatro especies de pájaros están al borde de la extinción. Entre ellos destacan loros y cacatúas endémicas, amenazados también por el comercio ilegal de especies, que, a pesar de estar regulado por legislaciones internacionales, constituye un negocio bastante rentable.

Respecto de nuestro continente, Brasil es una de las zonas que más preocupan a los científicos. Los bosques tropicales de este país albergan una importante cantidad de especies (cerca de 950 clases de pájaros), pero el crecimiento de algunas ciudades y la reutilización de terrenos para ranchos y granjas han ido mermando paulatinamente las superficies naturales, afectando a las aves que allí habitan. Se estima que cerca de 50 especies endémicas de esta zona del planeta están bajo amenaza de la desaparición definitiva.

La introducción de algunas especies también atenta contra la supervivencia de algunas aves. Ya sea intencional o accidental, la llegada de una especie animal ajena a un ambiente natural altera significativamente el equilibrio de dicho ecosistema. Por ejemplo, en las islas Seychelles (África) sobrevive menos de un centenar de mosquetas del paraíso, que son aves que en años anteriores abundaban en el sector y que no poseían defensas ante la depredación, ya que naturalmente casi no existían peligros. Sin embargo, la introducción de animales domésticos, como perros y gatos, representó un serio peligro, principalmente para los huevos y polluelos, afectando a tal grado la población de esta ave que se encuentra en Peligro crítico según la Lista Roja 2007 de la UICN.

Reptiles

Existen, aproximadamente, 6 mil especies de reptiles, los que habitan todos los continentes de nuestro planeta, a excepción de la Antártica. La alteración de su hábitat, el comercio ilegal tanto de ejemplares como de sus huevos y la introducción de especies depredadoras son los principales problemas que deben enfrentar para sobrevivir, existiendo casos emblemáticos de poblaciones en peligro.

Así, por ejemplo, decenas de miles de tortugas marinas son capturadas cada año, debido al comercio ilegal de especies. Además, otras miles caen presas en las redes de diferentes pesquerías y un porcentaje no menor ni siquiera alcanza a nacer, ya que las playas de anidación se están perdiendo por el avance de la industria turística y el incremento de las zonas urbanas. Otros factores que han incrementado la mortalidad de tortugas marinas son la contaminación de los mares y los efectos de fenómenos naturales como la marea roja.

Según la Lista Roja 2007 de la UICN, una especie de reptil que está en Peligro crítico de extinción es el Gavial (Gavialis gangeticus), habitante de las zonas pantanosas de la India y Pakistán, cuya población ha disminuido en un 80% en los últimos años. Entre las principales amenazas para su supervivencia se encuentra la pérdida de su hábitat natural, ya que los ríos y pantanos han sido intervenidos en beneficio del hombre y sus actividades (agricultura y ganadería). Además, muchos individuos de esta especie quedan atrapados en las redes de pesca industrial o son cazados, ya que la medicina oriental atribuye características sanadoras a algunas partes de su cuerpo.

Otro de los reptiles amenazados es la Lagartija nariz de leopardo (Gambelia sila), especie endémica de California (Estados Unidos), que sufre los embates de la urbanización, el desarrollo agrícola (destrucción de hábitat y daño por uso de pesticidas) y la inundación de algunas zonas, lo que ha bajado de manera drástica su población. Se estima que, desde 1850, esta ha disminuido en más de un 90%.

Anfibios

Los anfibios son considerados el grupo animal que corre un mayor peligro de extinguirse. Se estima que un tercio de las, aproximadamente, 2.500 especies de ranas, sapos y salamandras conocidas están en peligro de extinción y 168 ya han desaparecido definitivamente, considerándose los últimos 20 años como los más críticos en cuanto a la disminución de diferentes especies.

Entre las causas que más influyen en la drástica disminución de las poblaciones de ciertas especies de anfibios está la destrucción del hábitat, principalmente producto de la contaminación del aire y del agua.

En este sentido, debemos recordar que gran parte de los anfibios depende del agua dulce para vivir, por lo que la polución de ésta influye directamente en el desarrollo de dichos animales. Ellos sienten los efectos de la contaminación mucho antes que otras especies; incluso, su piel es mucho más permeable y sensible, detectando con rapidez los cambios en la calidad tanto del agua como del aire.

Los científicos señalan que el mayor número de extinciones ocurre en América Latina, siendo Colombia el país con mayores especies anfibias en peligro de extinción, seguido por México, Ecuador y Brasil. La zona de América Central y el Caribe también es una de las más críticas, ya que más del 80% de los anfibios que habitan en República Dominicana, Cuba, Jamaica y Haití están amenazados.

El alza de las temperaturas de nuestro planeta también ha incrementado la nubosidad de algunos sectores de las montañas tropicales, provocando días más frescos y noches cálidas, el ambiente perfecto para el desarrollo de un hongo que afecta la piel de los anfibios y provoca su muerte.

Peces

La captura indiscriminada, la sobreexplotación pesquera y la contaminación de los ambientes marinos son las principales amenazas que deben enfrentar las especies que habitan estos ecosistemas. Desde peces de gran tamaño, como el Angelot (Squatina squatina), hasta diminutos habitantes de los mares, como el Hipocampo pigmeo (Hippocampus bargibanti), sufren los embates de la acción del hombre, que no utiliza de manera sustentable estos recursos y que genera continuas acciones que dañan la fragilidad de océanos, mares, lagos y ríos.

Durante milenios, el ser humano ha aprovechado los recursos del mar para abastecerse de alimento y recientemente otros productos (como petróleo). Sin embargo, en el último siglo la aparición de grandes compañías pesqueras que utilizan enormes buques y redes y la mejor tecnología en la detección de cardúmenes para capturar importantes volúmenes de peces, ha disminuido las poblaciones de muchas especies, producto de la sobreexplotación, lo que puede determinar cambios en el ecosistema circundante, que, eventualmente, puede causar incluso la extinción de otros recursos que no son requeridos en las faenas industriales.

El hecho de que la mayoría de la fauna marina se desarrolle en las proximidades de la costa vuelve aún más crítica la situación de estas especies respecto de la contaminación de las aguas. Los vertidos de procesos industriales, posibles derrames de petróleo y hasta la basura y otros desechos que los humanos tiran directamente al mar dañan la vida marina, la misma cuya población ha mermado producto de la explotación.

Si hablamos de los organismos que viven en estuarios, en ríos y arroyos, también notaremos que se encuentran en condiciones de supervivencia adversas, ya que éstas áreas están altamente amenazadas debido a la magnitud de la contaminación y a que el desarrollo urbano está ocurriendo cerca de ellas.

Las especies de agua dulce tampoco están en una situación mejor. Han sufrido importantes disminuciones en cuanto al número que sobrevive. Estudios señalan que más de la mitad de los 252 peces endémicos de agua dulce del mar Mediterráneo están amenazados de extinción, constituyendo el porcentaje más alto de riesgo regional, conforme a las evaluaciones sobre el estado de las diferentes especies de peces de agua dulce.

Invertebrados

Por lo general, cuando hablamos de la extinción de las especies sólo pensamos en las especies animales de mayor tamaño, olvidando que constituye un fenómeno que afecta a una infinidad de organismos invertebrados muchos menos conocidos y pequeños, como moscas, escarabajos, mariposas, polillas y mosquitos, entre otros.

Uno de los grupos más bellos y codiciados son las mariposas, las que se ven afectadas no sólo por la persecución de algunos coleccionistas, sino también por la continua destrucción de su hábitat. Para sobrevivir, las mariposas necesitan de extensas áreas silvestres, con abundante vegetación que sirva como fuente de alimento y otros sitios especialmente dedicados a su reproducción (lugares de desove). Entre las especies en peligro de este tipo se encuentran la Macaón Homero de Jamaica (Papilio homerus), la Mariposa de la luna de España (Graellsia isabellae) y la Cobre grande (Lycaena dispar).

Las libélulas son otros invertebrados que se encuentran bajo amenaza. Estudios señalan que una de cada tres de las especies conocidas de este tipo se encuentra en peligro de extinción. Una situación crítica es la de Sri Lanka, ya que cerca del 40% de las especies endémicas está bajo riesgo de desaparecer.

Extinción de las especies vegetales

Nuevamente, el hombre es el principal responsable de la paulatina disminución y extinción de árboles, arbustos y hierbas, entre otros.

Nunca antes hubo tantas especies vegetales amenazadas. Su desaparición total no sólo significa una pérdida irreparable para la diversidad existente, sino que también afecta el equilibrio de todo ecosistema. Sólo pensemos que por cada especie de planta, se estima que existen entre 20 a 40 especies animales que dependen de estas para su supervivencia, por lo que por cada planta extinta pueden desaparecer numerosos animales.

En todos los ecosistemas en peligro, tanto las amenazas naturales como en las que el hombre se ve involucrado se alternan como las principales causas de la extinción de las especies. Lamentablemente, en algunas de las mayores reservas de la biodiversidad, como Sudamérica o el sudeste asiático, se sufre a diario la pérdida irreparable de muchas plantas, algunas de las que ni siquiera se tiene mucha información.

Amenazas humanas

Nuevamente, la destrucción del hábitat es sindicada como la causa directa de la extinción o vulnerabilidad de muchas especies vegetales. De esta manera, la expansión de zonas urbanas, tierras utilizadas para el cultivo extensivo, la deforestación de vastos sectores e, incluso, incendios forestales intencionales afectan a las plantas que naturalmente habitan dichos lugares, induciendo a su extinción.

La comercialización ilegal es también uno de los graves problemas que afectan a las especies vegetales. Al año, se estima que 7 millones de cactus y 9 millones de orquídeas son recolectados desde sus hábitats naturales para satisfacer los gustos de coleccionistas que buscan las especies raras. Lamentablemente, solo el 10% de los ejemplares capturados sobreviven a la manipulación, hacinamiento, transporte y condiciones higiénicas, por lo que ni siquiera es posible que permanezcan con vida.

Un claro ejemplo de esta preocupante situación es lo que ocurre en el desierto de Chihuahua, en México. Esta zona es reconocida por su enorme biodiversidad vegetal, lo que se refleja en la gran cantidad de cactus existentes: se estima que allí habitan cerca de 1.500 de las especies conocidas hasta hoy, las que están bajo la amenaza de la extinción debido al constante asedio de comerciantes que ignoran su importancia para la naturaleza y los transan a modo de mercancía.

Otros de los fenómenos que afectan directamente la supervivencia de los organismos vegetales es aquel que se relaciona con la pérdida de la variabilidad genética de las plantas. Debido a la utilización y masificación de ciertos cultivos de alto rendimiento, se están mermando, paulatinamente, variedades de diferentes especies vegetales a un ritmo alarmante. Según estudios de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) se estima que, en los últimos 100 años, se ha perdido cerca del 75% de la diversidad genética agrícola. Una cifra preocupante que parece no detenerse; incluso, la introducción de transgénicos (organismos genéticamente modificados) está afectando la supervivencia de variedades únicas de plantas, en beneficio de aquellas que, comercialmente, son mejores y más rentables.

La introducción de plantas y animales foráneos también ha ocasionado la frecuente eliminación de ciertas especies de flora nativa. Su desarrollo en detrimento de los habitantes vegetales naturales es una amenaza directa y ocasiona graves desequilibrios ecológicos. Por ejemplo, en las islas de Hawai, la introducción de herbívoros, como cerdos, vacas y cabras, que ramonean y pastan a diario, ha provocado la extinción total de casi un 10% de las plantas endémicas y ha puesto en peligro casi el 50% de las mismas.

Amenazas naturales

Una de las causas naturales más directas que amenazan a las plantas es la aparición de plagas. Ya sean enfermedades o insectos que se propagan a un ritmo alarmante, estos últimos pueden llegar a destrozar importantes sectores de cultivos o de plantas nativas en tan solo minutos. Por ejemplo, un enjambre de langostas, una de las plagas más temidas por los agricultores, puede abarcar unos mil kilómetros cuadrados y componerse de 50 billones de langostas, las que arrasan con una gran cantidad de vegetales y generan importantes pérdidas económicas.

También la ocurrencia de incendios forestales naturales (en los que no interviene el hombre y son provocados, por ejemplo, por la caída de un rayo) es uno de los factores que pueden incidir en la desaparición de algunas especies vegetales. Por lo general, estos suceden en períodos de sequía, momento en que se generan las condiciones para que el fuego no solo arrase con la vegetación existente, sino que también destruya por muchos años el sustrato donde ésta se situaba.

Otro factor que puede alterar el equilibrio natural de un ecosistema e influir directamente en la supervivencia de cualquier organismo vegetal, es la presencia de algunos fenómenos meteorológicos, como inundaciones, tornados, huracanes y terremotos. Estos pueden desplazar a las especies de su hábitat natural y transforman en vulnerables a muchos de los organismos vegetales existentes.

Ejemplo de esta última situación es lo ocurrido durante 1999 y 2002 con el arbusto Anchusa crispa, planta que se encuentra únicamente en las dunas costeras de las islas de Córcega y Cerdeña, donde crece en un espacio reducido de no más de 10 kilómetros cuadrados. Según la UICN (Unión Mundial para la Naturaleza), esta especie se encuentra en Peligro Crítico de Extinción, debido a la fragmentación y el declive de sus poblaciones, especialmente, porque durante los años antes mencionados fuertes temporales desplazaron una importante cantidad de arena sobre los ejemplares de Anchusa crispa, causando la muerte y un importante descenso de su población.

Daño natural

La especie Astragalus macrocarpus lefkarensis, habitante endémica de Chipre (mar Mediterráneo), está en Peligro Crítico de extinción, ya que sólo se encuentran cuatro poblaciones. Entre las principales causas de esta situación están la fragmentación de su hábitat y el descenso de los ejemplares vivos.

El declive de las poblaciones, sin embargo, tiene una causa absolutamente natural. Durante la primavera, un escarabajo de la familia Bruchidae pone sus huevos en las flores de esta planta. Cuando las larvas comienzan a crecer, se alimentan de las semillas y de sus nutritivas reservas, consumiendo casi tres cuartas partes del total de granos producidos por los ejemplares. Esta situación constituye una de las principales razones del bajo nivel reproductivo de esta especie.