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Fueron muy buenos constructores. En sus obras se nota la influencia de los etruscos y los griegos, a lo que le sumaron su sentido práctico al concebir una arquitectura básicamente utilitaria.

De los etruscos heredaron el uso de los arcos, la bóveda y la cúpula, mientras que de los griegos rescataron los tres órdenes arquitectónicos que se usaron para construir tanto columnas como edificios: el dórico, extendido por Grecia y Sicilia; el jónico, originario de Asia Menor; y el corintio, que es posterior a los anteriores al surgir en el siglo V a.C..

Algunas de las obras más importantes de los romanos fueron los acueductos, que cruzaban sus ciudades y que tenían por objeto conducir el agua hacia gigantescas termas; los arcos de triunfo y la columnas que conmemoraban las victorias militares; la basílica, que era un espacio abierto utilizado como palacio de justicia y centro de comercio; el Foro, plaza pública rodeada de pórticos, era el centro de la vida económica y política de la ciudad.

Los espectáculos se realizaban en los teatros y anfiteatros. El Coliseo tenía capacidad para 50 mil espectadores, mientras que en el Circus Máximo, más conocido como Circo Romano y donde se realizaban las carreras de carros, cabían 250 mil.

También hay que destacar la construcción de una red de calzadas, que eran carreteras rectas que unían Roma con el resto del imperio. La más conocida es la Via Appia. Además, de suma importancia fueron los baños públicos, que incluían piscinas para el baño, salas de masajes y gimnasio. Según se dice, en estos sitos se tomaban las decisiones más importantes.