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Hace una década, un estudio internacional realizado por la Ocde midió las habilidades de los adultos para manejarse en la desafiante sociedad y economía. Los resultados para Chile fueron lapidarios: el 80% no tenía las capacidades mínimas.

Ahora, un nuevo estudio -esta vez efectuado por instituciones nacionales- revela que los escolares chilenos no están mucho mejor en el mundo de las tecnologías de la información. Eso, pese a la elevada tasa de uso de computadores de niños y adolescentes.

La investigación pertenece al Centro de Medición de la Universidad Católica (Mide UC) y del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación (Ceppe), solicitado por Enlaces. Este, el primero que midió este tipo de competencias en el país, abarcó a cerca de mil alumnos de 15 años, en las regiones Metropolitana, de Valparaíso y del Biobío.

Sólo el 2% de los estudiantes demostró tener habilidades para  responder las tareas más complejas, como leer textos, seleccionar y postear en internet. Es decir, acciones que impliquen una capacidad analítica.

«La complejidad estaba dada por entremezclar soportes tecnológicos. Es distinto abrir un email que recibir cinco», explica Ernesto San Martín, investigador de Mide UC.

Para el estudio, los alumnos se sentaron en un computador a chatear con amigos virtuales que les pidieron recomendaciones o realizar  tareas en torno a la ecología. El amigo virtual, por ejemplo, le pedía al niño que lo ayudara a recolectar material sobre la deforestación, para lo cual el escolar debía sugerirle sitios, documentos o formas de buscar el material.
El 26% de los alumnos pudo  resolver sólo problemas interpersonales en foros o chats o usar el historial en un navegador.

El 50% pudo, además, responder correctamente preguntas que requerían seleccionar alternativas, abrir archivos para revisarlos, visitar un sitio web, abrir un email y redactar títulos. La comprensión de lectura, la capacidad para integrar información y el orden de carpetas en el computador son algunas de las habilidades que midieron estas pruebas.

UN EMAIL AL DIRECTOR

«¿Cómo difundirías las actividades que tu curso está realizando para frenar el calentamiento global?». Este tipo de preguntas fue el que se utilizó para ver si los niños, además de cumplir las tareas anteriores, seleccionaban adecuadamente un medio digital para difundir información. El 66% de los estudiantes demostró que tenía la habilidad para esto, además de poner nombre a un trabajo, interpretar un gráfico y sintetizarlo.

Un email bien escrito debe tener: nombre, destinatario, texto, saludo y referencia. Sólo el 12% de los estudiantes pudo seleccionar de entre una lista de mails el más pertinente para un contexto específico. Por ejemplo, para pedirle una sala al director del colegio, escribieron mensajes como: «Hola. Necesito sala» o «Necesitamos sala. Gracias». Incluso, utilizaron abreviaciones (como «xq» en vez de «porque»), en lugar de usar un lenguaje formal.

«Probablemente, ahí hay cierto lenguaje juvenil, que se utiliza en el chat y se traspasa a instancias formales. Puede haber un problema de inadecuación social, o también un problema analítico», explica, como posibles hipótesis, Flavio Cortés, investigador de Mide UC.


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