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Alonso de Ercilla y Zúñiga

Autor de La Araucana, el primer gran poema épico dedicado a la conquista de América y una obra fundamental del "Siglo de Oro" de la literatura española. Ercilla llegó a América en 1556 y a Chile en 1557. Aquí fue testigo de la resistencia indígena, experiencia que plasmó en su obra La Araucana, que fue publicadan en Madrid entre los años 1569, 1588 y 1589.

Nació el 7 de agosto de 1533 en Madrid, España, y murió en la misma ciudad el 29 de noviembre de 1594. Su padre fue Fortún García de Ercilla y su madre Leonor de Zúñiga, quien fuera la guardacama de la infanta María y dama de compañía de la emperatriz Isabel (esposa de Carlos V). Habiendo quedado viuda cuando Alonso tenía un año de edad, su madre consiguió ubicarlo como paje del príncipe Felipe, futuro rey de España. En su paso por la corte pudo acceder a la esmerada formación que ahí se impartía. Además, Su educación se complementó con una serie de viajes que hizo acompañando a Felipe II a Flandes, Viena e Inglaterra. La permanencia de Ercilla en la Corte, le permitió adquirir los conocimientos entregados por el preceptor de pajes, el latinista Cristóbal Calvete de la Estrella. El estudio de clásicos como Virgilio y Lucano, y la lectura de otros autores como Garcilaso, Dante, Ariosto y Boccaccio, conformaron su universo intelectual, que incluyó también la Astronomía y la Astrología.

Viaja a América

Las noticias referentes a los sucesos de las lejanas tierras de Chile y los combates con los mapuche, llevadas por Gerónimo de Alderete, quien había sido enviado a España por Pedro de Valdivia, interesaron mucho a Ercilla. Tanto, que estando en Londres decidió volver a España y desde allí viajar hacia América en 1555. Se embarcó junto al emisario del Conquistador, quien murióen Panamá en abril de 1556, sin haber concluido la travesía. Por tal razón, Ercilla continuó solo su viaje arribando al Perú ese mismo año, donde fue recibido por el Virrey Andrés Hurtado de Mendoza, quien lo hospedó en su palacio de Lima. Su llegada coincidió con los preparativos del hijo del Virrey, García Hurtado de Mendoza, para hacerse cargo de la gobernación del Reino de Chile; por ello, Ercilla se incorporó a esta expedición, con el grado de capitán. El 25 de abril de 1557, García Hurtado de Mendoza y sus tropas llegaron a La Serena, donde fueron recibidos por Francisco de Aguirre. Sin embargo, el gobernador decidió seguir rumbo hacia el sur, por lo que se embarcó hacia la destruida ciudad de Concepción (hoy Penco). El 26 de junio de aquel año, los españoles desembarcaron en la Isla Quiriquina, desde donde pasaron a Concepción. Aquí construyeron un fuerte para repeler los constantes ataques de los araucanos. Así, Alonso de Ercilla llegaba al epicentro de las operaciones de la Guerra de Arauco.

La Guerra de Arauco

Alonso de Ercilla tuvo una corta, pero accidentada experiencia en la Guerra de Arauco. Acompañó a Hurtado de Mendoza en su primera campaña en contra de los mapuches, el la ciudad de Arauco, donde participó en la expedición que García Hurtado realizó al Seno de Reloncaví, liderando un grupo que, en piraguas, arribó a la Isla Puluqui con diez hombres. Estando allí, grabó en un árbol una estrofa fijando el día de su desembarco, el 28 de febrero de 1558. Se supone que también participó en las batallas de Lagunillas, Quiapo y Millarapue, siendo testigo de la muerte de Caupolicán, protagonista de su poema: La Araucana. Él acompañó a García Hurtado en la expedición que realizó al Seno de Reloncaví, liderando un grupo que, en piraguas, arribó a la Isla Puluqui con diez hombres. Estando allí, grabó en un árbol una estrofa fijando el día de su desembarco, el 28 de febrero de 1558. Acompañó a García Hurtado en su primera campaña contra los mapuche y se supone habría participado en varias batallas, entre ellas, Lagunillas, Quiapo y Millarapue.

Condenado a muerte

Estando en La Imperial, en medio de un gran festejo, se produjo un altercado entre Ercilla y Juan de Pineda, en presencia del Gobernador. La actitud insolente de sus subalternos decidió a Hurtado de Mendoza a tirarlos de sus caballos, tomarlos prisioneros y condenarlos a muerte por degollamiento. Sin embargo, la suerte estuvo del lado de Ercilla, ya que al parecer habría sido una joven indígena, compañera de Hurtado de Mendoza, la que pidió su perdón. Después de este suceso, Ercilla abandonó sus aventuras luego de permanecer 17 meses en Chile.Ercilla regresó al Perú y, con posterioridad, viajó a España en 1562. Estando en su país, fue nombrado gentilhombre de la Corte y caballero de Santiago, tras lo cual participó en diversas acciones diplomáticas. En 1570 se casó con doña María de Bazán y desde 1580 ejerció como censor de libros por encargo del Consejo de Castilla. Falleció en Madrid, el 29 de noviembre de 1594.

Testimonio de la Conquista

Durante sus excursiones junto al Gobernador, Ercilla empezó a escribir La Araucana . Los datos anteriores a su llegada al país, que constan en esta obra, los obtuvo en Lima y en Chile, donde escuchó los relatos de antiguos conquistadores. La publicación del texto en Madrid se hizo en tres partes en los años 1569, 1588 y 1589. El éxito de la publicación fue inmediato y Chile se convirtió en la primera nación, después de los grandes poemas épicos como el del Cid en España o la Chanson de Roland en Francia, cuyo “nacimiento” fue cantado en un poema épico. La Araucana gira en torno a un tema central, la guerra, que es cantado en 37 cantos en octava real, algo monocordes, aunque ágiles y unitarios en cuanto al relato de los sucesos.

Objetivo de su obra

En el prólogo de La Araucana, redactado por Ercilla en la primera edición (1569), deja claramente establecido el objetivo de su obra: “Considerándose la historia verdadera y de cosas de guerra… y por el agravio que algunos españoles recibirían quedando sus hazañas en perpetuo silencio, faltando quien las escriba; no por ser ellas pequeñas, pero porque la tierra es tan remota y apartada y la postrera que los españoles han pisado por la parte del Perú, que no se puede tener della casi noticia, y por el mal aparejo y poco tiempo que para escribir hay con la ocupación de la guerra, que no da lugar a ello; así el que pude hurtar, lo gasté en este libro, el cual, porque fuese más cierto y verdadero, se hizo en la misma guerra y en los mismos pasos y sitios, escribiendo muchas veces en cuero por falta de papel, y en pedazos de cartas, algunos tan pequeños que no cabían seis versos, que no me costó después poco trabajo juntarlos… Y si alguno le pareciere que me muestro algo inclinado a la parte de los araucanos, tratando sus cosas y valentías más extendidamente de lo que para bárbaros se requiere, si queremos mirar su crianza, costumbres, modos de guerra y ejercicio della, veremos que muchos no le han hecho ventaja, y que son pocos los que con tan gran constancia y firmeza han defendido su tierra contra tan fieron enemigos como son los españoles”. Su objetivo declarado era, entonces, dejar testimonio de las hazañas de los españoles, asegurar la veracidad de lo contado en la medida que su relato se escribía al mismo paso que la guerra, destacar las virtudes militares y el amor por la libertad, manifestado por los mapuche. Figuras como la de Lautaro aparecen como héroes valientes e indomables, mientras que la imagen conquistadora se presenta más real, sin grandes héroes, pero con la voluntad de permanecer en estas tierras.

La Araucana

Durante su expedición por Chile, que duró más de año y medio, Ercilla se sintió maravillado por el espíritu indómito de los indígenas araucanos (pueblo mapuche) en los enfrentamientos con los españoles. Estas experiencias, vividas tan de cerca, le inspiraron para escribir su famoso poema épico, La Araucana.

El texto fue dedicado a Felipe II y el protagonista es el pueblo araucano y sus caudillos y, sobre todo, Lautaro y Caupolicán, quienes aparecen como héroes valientes e indomables. Los conquistadores, por su parte, se presentan menos idealizados, sin grandes heroísmos, pero con fuerte voluntad.

La Araucana fue compuesta en octavas reales (estrofa de ocho versos de once sílabas métricas, en los que los seis primeros versos riman en forma alternada, en tanto que los dos últimos van pareados) y dividida en 37 cantos, algo monocordes, pero ágiles y unitarios en cuanto al relato de los sucesos.

Fue publicada en Madrid, en tres partes, en los años 1569, 1588 y 1589 y su éxito fue inmediato.