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Los abasidas eran una familia árabe descendiente de Abas, tío de Mahoma. Junto a un importante número de persas, se convirtieron en los restauradores de la tradición musulmana, que supuestamente había sido traicionada por los omeyas.

El califato abasí se vio fuertemente influido por la civilización persa, que adoptó el islamismo en sus reglas y estructuras de manera muy superficial.

La época de mayor desarrollo de esta dinastía correspondió al período de Harún al-Rashid, cuando Bagdad se convirtió en el centro de una intensa actividad cultural que influyó en el desarrollo de la civilización cortesana y urbana del Islam.

En esta época florecieron las ciencias y las letras, las que asimilaron aspectos de culturas como la grecolatina y la persa. Igualmente, prosperó la actividad económica a través de la manufactura de telas como la seda, y el tráfico comercial entre oriente y occidente.

La creación de los visiratos o ministerios durante la dinastía omeya hizo posible que el poder del califa fuera un poco menor, debido a que algunas acciones las podía delegar en emisarios y delegados. En el testamento de Harún al-Rashid se estableció el orden de sucesión del trono, lo que abrió la posibilidad de la división del imperio. Luego de su muerte, ocurrida el año 809, intereses personales provocaron el fraccionamiento del Islam en principados autónomos.

Los hijos de al-Rashid, al-Mamún, de madre persa, y el califa al-Amín, de linaje árabe, se enfrentaron en una lucha que terminó con la derrota y el asesinato de este último. De esta manera, el reinado de al-Mamún hizo que los árabes prácticamente desaparecieran del escenario político y prevaleciera la cultura persa, que impregnó todos los aspectos de la vida de Bagdad.

Junto con la influencia persa, hubo otro grupo que fue ganando importancia. Se trata de los mamelucos, soldados turcos mercenarios reclutados en el Asia central para el ejército islámico, quienes alcanzaron gran fuerza, llegando incluso a modificar el poder político del Islam. Ellos contribuyeron a ampliar más la distancia entre el poder espiritual y el temporal.

Al avance del poder de los turcos en el imperio musulmán, se sumó un aumento en las tensiones sociales, provocadas por el desequilibrio económico, que redundó en que las clases bajas se unieran a los programas extremistas de los chiita, y generaran desórdenes en los últimos años del siglo IX y los primeros del X.

Durante el siglo X la irrupción de principados independientes aceleró la división del imperio abasí. El emirato andalusí se convirtió en califato independiente en el 929. Los reinos del Magreb se hicieron prácticamente autónomos y en oriente se crearon estados en el Jorasán (actual provincia de Irán).

En este mismo período, cada una de las grandes familias del Islam creó un reino. De esta manera, el califato omeya se consolidó en Córdoba; los descendientes del califa Alí y su esposa Fátima (hija de Mahoma) se instalaron en Egipto (esta dinastía fue llamada de los fatimíes, o descendientes de Fátima).

En Bagdad, en tanto, el imperio abasí se mantuvo hasta el 945, cuando cayó bajo la dependencia del chiita Ahmad al-Buyí. De esta manera, los abasíes perdieron Mesopotamia y Bagdad, convirtiéndose en figuras puramente religiosas, sin poder secular. Incluso, cuando los emires chiitas dominaron Mesopotamia, se sintieron tentados de abolir completamente el califato.

La dinastía de los buyíes (o buwayidas o buidas, por Buyeh o Buwaih) desapareció con la llegada de los turcos selyúcidas en el año 1055.

El desarrollo de las matemáticas

Junto a la astronomía, las matemáticas fueron las ciencias que más se desarrollaron por influencia de los árabes, ya que muchos principios básicos de aritmética, geometría y álgebra fueron descubiertos por sabios musulmanes o transmitidos por ellos. Un ejemplo claro es el sistema numérico y el método de contar que todavía utilizamos.

La invención del álgebra -hecho ocurrido durante el califato abasí- surgió cuando el califa al-Mamun fundó la Casa del Saber y nombró como su director a Mohammed Ben Mussa Ben Khwarizimi. Su tratado sobre álgebra se titula Al Gebr Wa’l Maakalala (Cálculos Mediante Símbolos). Este trabajo fue el punto de partida de disciplinas como el cálculo algebraico y la aritmética decimal.

La introducción del signo cero por Mohammed Ben Ahmad, en el año 976 revolucionó las matemáticas; pero no se empleó en occidente hasta principios del siglo XIII. Los árabes tomaron el cero probablemente de los hindúes.


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