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La historia política del pueblo fenicio comprende la supremacía que sucesivamente ejercieron sus más importantes ciudades-estado, como lo fueron Biblios, Tiro y Sidón. Aunque cada una de esta poseía sui propio sistema de gobierno, todas usaban como base el esquema de las monarquías semíticas, es decir, una realeza con sucesión hereditaria  y de carácter sagrado, donde la reina desempeñaba un papel muy activo. Los monarcas eran asesorados en sus tareas de gobierno por un consejo de ancianos pertenecientes a las familias más poderosas y por el cuerpo de funcionarios civiles y militares.

Además del rey, cada ciudad tenía un gobernador y un comandante militar. Aunque en realidad, más que reyes se trataba de príncipes mercaderes que formaron ciudades y lograron subsistir gracias al comercio internacional.

Estos pueblos eligieron zonas estratégicas  desde el punto de vista comercial y de la navegación. Puertos protegidos y amplias bahías que permitieron que los barcos atracaran con facilidad. Generalmente estas urbes  se organizaron alrededor de los palacios y templos locales que alcanzaron grandes alturas y estuvieron protegidos por una muralla exterior.

La organización económica siempre estuvo ajustada al sistema palaciego, es decir, el excedente de la producción agrícola y artesanal se concentraba en el palacio. Ahí, los funcionarios redistribuían la producción según las necesidades que tenía el Estado. Los artesanos estaban unidos en distintas agrupaciones, que dependían de manera directa del palacio o de un templo, pues de estos obtenían las materias primas para trabajar.

La estructura social seguía un esquema piramidal muy jerarquizado. Primero, se encontraba una aristocracia administrativa y militar que obtenía tierras en pago a sus servicios, pero no participaba en el desarrollo comerical. Luego estaba la clase media, que eran los campesinos propietarios, artesanos y comerciantes, y finalmente venía la población campesina no propietaria, que trabajaba en los palacios y templos. También existía un alto porcentaje de esclavos.

Hegemonía de las metrópolis

Cada ciudad-estado tuvo su momento de esplendor. Aunque no existe mucha información sobre este periodo, Biblos fue la primera en tener el dominio de los fenicios (hacia el 2000 a.C). De lo poco que se sabe, lo más importante fue que los egipcios establecieron una factoría (establecimiento comercial) en este lugar y compraban a los príncipes maderas, principalmente cedro para construir los palacios de los faraones, ya que en Egipto eran escasos los árboles de tronco grueso.También fue el centro comercial del papiro, material usado en la antigüedad para escribir.

Luego le correspondió el turno a Sidón (1600 a.C.), que poseía una numerosa flota de barcos y logró desarrollar un intenso comercio en la época en que los egipcios dominaban gran parte del Mediterráneo. De esta forma, los fenicios, bajo la protección de los faraones, intensificaron su comercio principalmente con el valle del río Nilo y luego colonizaron varios pueblos del Mediterráneo oriental. Ahí fundaron factorías en Chipre, Creta y Rodas. Sin embargo, la supremacía de Sidón terminó en el 1209 a.C., cuando fue saqueada y destruida, primero por los filisteos y después por los asirios.

La astucia de tiro

La supremacía fenicia pasó a manos de la ciudad de Tiro (1200 a.C.), luego que algunas ciudades formaran una confederación que aceptó este nuevo liderazgo. Tiro era una ciudad que contaba con numerosos edificios monumentales, entre los que sobresalían el fastuoso palacio real, el templo del dios protector de la ciudad, Melkart, y varios mercados.

Durante este período, que duró casi tres siglos, la gran metrópolis estuvo gobernada la mayor parte por una aristocracia de industriales y mercaderes. De esta manera, al poco tiempo, controlaron todas las rutas interiores de comercio iniciando la expansión por el Mediterráneo occidental, donde establecieron varias factorías, a los que los habitantes del lugar acudían a cambiar los productos de su región por los objetos fabricados que les llevaban los fenicios.

Se dirigieron al oeste, llegando a la isla de Sicilia, donde formaron dominios en Montie, Panormos y Soloeis. Después se fueron al norte de África, estableciéndose primero en Útica y luego fundaron Cartago (814). Aunque sin duda alguna, la península Ibérica, fue su mayor centro de colonización, ya que fundaron Málaca (Málaga), Abdera (Adra), Ebussus (Ibiza) y Gades (Cádiz).


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