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Desde siempre fue muy importante para la Corona incorporar a los aborígenes a la fe cristiana, apoyando constantemente esta iniciativa, moral y económicamente. La Compañía de Jesús fue la encargada de llevar a cabo la misión de evangelizar a los indígenas, estableciendo misiones en el sector de la frontera y en el interior del territorio araucano.

Pero esta tarea no solo tuvo carácter religioso, sino que además desempeñó un papel de encuentro en la vida fronteriza, donde los evangelizadores criaban a niños indígenas, ayudaban a los enfermos y acogían a los viajeros.

En 1639 asume el poder un nuevo gobernador, Francisco López de Zúñiga, partidario de buscar un entendimiento con los araucanos, apoyado por los jesuitas. En 1641 realizó una gran reunión o parlamento de Quilín con los principales jefes mapuches, donde hubo grandes banquetes, discursos, regalos y promesas de paz y amistad por ambos bandos. Los españoles reconocieron la libertad de los araucanos en sus territorios y estos permitieron el ingreso a la Araucanía de sacerdotes misioneros.

Sin embargo, estos planteamientos incluían solo al grupo familiar, por lo que los que no estuvieron presentes continuaban con los malones en forma aislada, a lo que los españoles respondieron con nuevos ataques, convirtiendo a la frontera del Biobío en una región en continua guerra.

Los parlamentos siguieron celebrándose cada vez que asumía un nuevo gobernador, pero ninguno dio frutos. El último de la época colonial fue convocado por Ambrosio O’Higgins, en Negrete (1793).

Estos parlamentos, más la labor de los misioneros y la influencia de los comerciantes, fueron configurando un especial modo de vida fronteriza. En la práctica, el límite se constituyó en una zona de intercambio que favorecía tanto a los españoles como a los indígenas. Estos últimos adquirían artículos de hierro, géneros, caballos, vino y aguardiente. Por su parte, los españoles requerían ponchos, alimentos y ganado.

Zonas de pacificación

Aunque los parlamentos no lograron la pacificación y el control total de la zona de conflicto, sí permitieron establecer una serie de asentamientos al sur de la línea de fuego del río Biobío.

De esta forma se explica la creación de pequeños poblados como Lota, Arauco, Nacimiento, Negrete, Angol, Paicaví, Purén, Repocura y Boroa. Uno de los principales objetivos de su creación era asegurar una red de comunicación efectiva entre las ciudades de Concepción y Valdivia.


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