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LA TERCERA, 25 de noviembre, 2006.
Opinión de Misael Camus I.
Vicepresidente Ejecutivo Consejo de Rectores. Rector Universidad Católica del Norte de Antofagasta.

Sin duda el país ha seguido con atención el debate generado a partir del Beneficio de Excelencia Académica, que garantizará el ingreso a la universidad para el 5% de alumnos mejor ranqueados dentro de la enseñanza media pública y subvencionada. Diversos actores y expertos han planteado distintos enfoques y observaciones frente a esta medida que beneficiará a los futuros estudiantes universitarios en su ingreso a la enseñanza superior en 2007. Hay que decir que provoca asombro que esta nueva política pública suscite tanta controversia.

Este debate sería comprensible si viviéramos en sociedades altamente igualitarias, como son las de Estados Unidos, Australia, por mencionar sólo a un par. Estas sociedades se han construido sobre el esfuerzo individual, por ello cualquier discriminación, aun cuando sea positiva, provoca opiniones encontradas.

Sin embargo, tras décadas de discusión pública y especializada han logrado entender la necesidad de aprovechar sus talentos. Tanto es así que ello forma parte de políticas de carácter estratégico. Por lo mismo, entrampar la discusión de este beneficio estudiantil en la controversia meritocracia versus discriminación positiva es extemporáneo.

Chile no ha estado exento a estas controversias y tampoco ajeno a desarrollar sus  estudiantes “talentosos”. Por eso, tratándose de nuestro caso, esta controversia es aún más curiosa. Asombra que las dos tendencias en tensión asuman posiciones contrarias a las propias. Aquellos que suelen defender la meritocracia son quienes se han manifestado en contra de esta política. Por otra parte, quienes postulan visiones progresistas defienden la “meritocracia” y la “discriminación positiva”.

 

Ambas corrientes, dados los argumentos esgrimidos, muestran un cierto desconocimiento de cómo se promueven los “talentos académicos” de los jóvenes en las sociedades más avanzadas. Tal es el punto de fondo que debería estar en el centro del debate. Tenemos ejemplos de cómo hacerlo. La Pontificia Universidad Católica y otras universidades regionales han comenzado a trabajar en programas de desarrollo de “talentos académicos”, desde 6° Básico a 4° Medio, que benefician especialmente a jóvenes de menores ingresos.

Estos programas se han generado a partir del actual estado de desarrollo de nuestra sociedad y de sus necesidades. Es decir, la promoción de los jóvenes talentosos debe hacerse desde la perspectiva de la “equidad en las oportunidades”.

Así, el Consejo de Rectores ha colaborado para enfocar este nuevo beneficio desde la perspectiva de los “talentos académicos”. En ese contexto se ha estudiado un modelo distinto de ingreso a las universidades que reconoce que la promoción de los talentos académicos requiere de la equidad en las oportunidades.

Por ello, es necesario aclarar varias confusiones que se han manejado en el debate, a saber:

  • No son 1.500 estudiantes los beneficiados con esta Beca de Excelencia, son más de 6.000.
  • Los beneficiados no abarcan sólo a algunos pocos, sino del primer al cuarto quintil de ingresos, es decir también a sectores medios.
  • Las opciones de ingreso no se acotan a las universidades pertenecientes al Consejo de Rectores, sino a todas aquellas que se desarrollan con plena autonomía y están acreditadas.

Lo cierto es que el debate generado nos muestra que como país aún nos falta madurar, social y culturalmente, para abordar con propiedad estos temas.

Por ello, es difícil analizar este programa desde una perspectiva ética social y acorde con nuestros parámetros de desarrollo.

Sin embargo, estamos convencidos de que su aplicación tendrá importantes beneficios para el país. La presencia de estos estudiantes, en cualquier universidad, será un importante estímulo al emprendimiento. Todos ellos son, en alguna medida, emprendedores innatos. Si se alcanzase un 75% de éxito con estos estudiantes, que superan mayores dificultades, es posible visualizar que el segmento laboral productivo del país cambiará radicalmente.

Se contará con profesionales con una mentalidad distinta. Además, un alto porcentaje de esos alumnos podrán constituirse en futuros líderes sociales y políticos, con nuevos mapas cognitivos, emocionales y morales. Por cierto, muy distintos a los de las actuales generaciones.

Así, al aprovechar adecuadamente la reserva de talento existente entre nuestros jóvenes, que se desarrollan en condiciones más adversas, también estaremos promoviendo un recambio generacional que es necesario para las metas de desarrollo y crecimiento que se ha fijado el país.


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