Skip to main content

LA TERCERA, 3 de diciembre 2006.
Por : Elizabeth Simonsen.

“Eran solo tirones de pelo, cosas de la edad”. Las palabras de la directora del colegio Javiera Carrera de Iquique, Magnolia Marabolí, calaron tan hondo como el suicidio de la estudiante Pamela Pizarro, el 23 de noviembre, atormentada por los abusos de sus compañeras.

Reacciones como las de la directora -cuya responsabilidad en los hechos está siendo investigada en un sumario- son todavía comunes frente a un tema que recién acapara la atención de la comunidad nacional e internacional. El problema es que son los profesores y directores los llamados a enfrentar la violencia, pero no reciben en la formación universitaria la capacitación necesaria y luego en los colegios se encuentran sin las instancias ni el tiempo suficientes para abordar un problema que crece en magnitud y cuyas consecuencias son graves.

La violencia escolar es un fenómeno internacional, que, en algunos países, ha sido abordado hasta con leyes que obligan a mantener un buen clima en el aula, pero en todos los casos hay un diagnóstico generalizado: los profesores y directores de colegios no cuentan con las competencias para resolver conflictos. Por eso, las universidades están incorporando el tema a la formación de los docentes.

Tanto que el Ministerio de Educación no sólo está capacitando a los profesores en la materia una vez titulados, sino que también está en conversaciones con las universidades para que incorporen la violencia escolar dentro de su malla curricular. Y tanto la Umce como la Universidad Católica ya han iniciado reformas curriculares en ese sentido.

“La violencia escolar no sólo es un problema de niños, cuya responsabilidad puede evadirse. Hoy se sabe que la relación entre víctima y victimario siempre involucra a testigos, que tienen un rol fundamental en estimularla o desincentivarla y que son los profesores y directores”, dice Philip Slee, profesor en Desarrollo Humano de la Universidad de Flinders de Australia.

 Datos clave

  • Tipos de agresión . El 44,7% de los escolares y el 31,5% de los profesores ha sufrido algún tipo de agresión en la escuela, principalmente de tipo sicológica.
  • Otros países : En Francia, esas cifras llegan al 75% de los estudiantes, y en Inglaterra, al 65,7%.
  • Para todos : El 44% de los estudiantes de nivel socioeconómico alto ha sido agredido sicológicamente y el 25,8 físicamente. En el sector bajo, el 40,9% ha sufrido violencia sicológica y el 32,1% física.

Formación deficiente

“Una formación concreta, directa y organizada en la red curricular de formación de los profesores para identificar, prevenir y tratar la violencia escolar no existe en Chile”, dice Jaime Retamal, investigador del Observatorio Europeo contra la Violencia Escolar y candidato a doctor en Educación.

Dentro de las materias que son más deficitarias figuran las competencias para la gestión y mediación de conflictos, que influyen en tener un buen ambiente en el aula, clave en el rendimiento académico. “El clima del aula es tomado dentro del curso de Psicología Educacional, pero debiera ser un ramo por sí mismo”, explica Patricio Escorza de la Umce. Tampoco los maestros reciben formación en el desarrollo evolutivo infantil, no sólo en el aspecto biológico, sino en las capacidades de los niños para resolver conflictos y su razonamiento moral y ético.

Algunas de estas competencias las adquieren en cursos de perfeccionamiento que realizan las universidades o el Mineduc, pero no es suficiente, porque en la práctica no son acompañados por los colegios.


El Mineduc está trabajando con los colegios para clarificar y hacer más participativos los reglamentos escolares. “Se pasa muy rápido al castigo”, dicen.

No todo es culpa de la TV

“Parte de la violencia en la escuela es resultado de problemas en el barrio, la familia o de la exposición a la TV, pero hay violencia que es propiamente escolar”, afirma Ana María Zerón, quien realiza su tesis de doctorado en el tema. Ya sea por la sensación de estancamiento de las escuelas municipales, o por la presión por el rendimiento en los colegios particulares, en ambos casos subyace una cultura que basa su disciplina en el castigo y en las relaciones de poder. Según un estudio de la Unesco de 2005, el 28% de los alumnos chilenos creía que la escuela no tomaba en cuenta sus opiniones para resolver los problemas.

Un ejemplo de lo anterior son los reglamentos disciplinarios de los colegios, que el Mineduc está intentando cambiar para hacerlos más participativos y clarificadores. “Hay colegios que tipifican 400 faltas u otros que establecen sólo líneas generales. Ninguno es efectivo, porque son elaborados verticalmente y porque al aplicarlos se pasa demasiado rápido al castigo, cuando hay un camino largo de mediación de conflictos que debiera aprovecharse pedagógicamente”, dice René Donoso, jefe de la Unidad de Apoyo a la Transversalidad del Mineduc.

A esto hay que agregar que en los colegios no existen las instancias para prevenir o resolver conflictos. “Las escuelas no tienen un equipo responsable de la convivencia, los profesionales que trabajan en el tema, como el inspector o el orientador, lo hacen en
forma aislada. Además, los profesores tienen sólo dos horas para la jefatura, incluido el consejo de curso, y tampoco hay tiempo para la reflexión pedagógica: las escuelas tienen sólo dos horas de taller docente, que terminan siendo usadas para asuntos administrativos”, explica Claudia Romagnoli, directora del programa “Valoras” de la Universidad Católica.

En 2001, el Ministerio de Educación estableció la necesidad de estimular, mediante objetivos transversales, el desarrollo de habilidades como el respeto, la formación ética y la promoción de la autoestima. Sin embargo, como señala Romagnoli, falta concretar dichos objetivos, por ejemplo, estableciendo cuáles son los estándares de logro de dichas habilidades para cada ciclo de enseñanza y definirles un espacio de tiempo. “Los colegios sólo están enfocados en los resultados académicos, con lo que, además, seleccionan a sus alumnos y contribuyen así aún más a la discriminación”, señala la experta.

  Afecta el desarrollo sicosocial

Consecuencias de la violencia


Los conflictos escolares se producen con mayor frecuencia a partir de séptimo y octavo año básico, cuando los menores ingresan a la pubertad y refuerzan su identidad.

Según Patricio Escorza, de la Umce, los niños refuerzan su adhesión a un grupo, pero también sienten la necesidad de diferenciarse de éste. Es entonces cuando pueden ser víctimas de violencia por parte del grupo. Cuando los niños tienen una fuerte confianza en sí mismos y buenas herramientas de defensa, pueden enfrentarla de mejor forma. Cuando disponen de menos capacidades, la violencia los afecta en su desarrollo sicosocial.

Un estudiante humillado tiene cuatro veces más riesgo de intentar suicidio, según un estudio de Dan Olweus, de la Universidad de Bergen, Noruega. Además, el informe Cisneros VII de España concluyó que el ser víctima de violencia frecuente produce una imagen negativa de sí mismo
(37%), depresión (36%), ansiedad (36%), introversión social (25%) y somatizaciones (14%).

Además el clima del aula tiene efectos directos sobre el rendimiento escolar. Según la Oecd, tiene más incidencia que los recursos materiales y personales o la política escolar respectiva.

 

En el Reino Unido, el clima escolar es evaluado por asesores externos e incluso hay sanciones

Las exitosas recetas foráneas

Dan Olweus no sólo fue uno de los primeros investigadores en violencia escolar y quien bautizó como bullying el fenómeno de hostigamiento sistemático y oculto hacia un estudiante, sino también quien ha desarrollado varios proyectos de prevención de la violencia escolar en Noruega y que han sido replicados en escuelas de Canadá, España y EEUU. El programa se basa en cuatro principios básicos: un ambiente cálido y de interés positivo por parte de los adultos, límites firmes sobre los comportamientos inaceptables, aplicación de sanciones que no sean punitivas ni físicas y la introducción de figuras de autoridad adultas y modelos positivos.

Entre 2001 y 2003, se evaluó el programa en más de 100 colegios y 21 mil alumnos. Tras un año de intervención, el porcentaje de víctimas se había reducido en 34% y el de agresores en 44%.

En España, otro proyecto, llamado Sevilla Anti-Violencia Escolar (Save) también ha dado resultados concretos en los cinco mil escolares de primaria y secundaria donde se aplicó y entre quienes el porcentaje de víctimas y de agresores se redujo a la mitad. El proyecto está centrado en la prevención. Por ejemplo, introduce en las mallas curriculares, objetivos, contenidos y estrategias que eduquen a los jóvenes en la expresión de sus emociones, y la gestión democrática de la convivencia, ya sea a través del establecimiento de círculos de apoyo entre iguales para resolver los problemas o programas para desarrollar la empatía y la asertividad. Parte importante de Save está puesto en lo que se llama el aprendizaje cooperativo: se forman grupos de trabajo heterogéneos, organizados de tal modo que todos los alumnos pueden sentirse útiles y tienen posibilidades de éxito. Esto distribuye las oportunidades de protagonismo, proporciona reconocimiento a todos y redefine el papel del docente, puesto que cuando trata de compartir con los niños, se valida como un experto y no sólo desde la autoridad.

“No existe una receta mágica, hay muchos programas y que recién a partir del próximo año comenzarán a ser evaluados comparativamente. Pero sí es posible reducir la violencia escolar, en todos los países donde los colegios son obligados a mantener un buen clima escolar, hay resultados”, dice Jaime Retamal.

Por ejemplo, en el Reino Unido los principales parámetros de evaluación externa de los colegios incluyen aspectos como la interacción del profesor/alumno, el tratamiento  diferenciado de cada uno de los niños y el desarrollo de las habilidades sociales de los escolares.

Además se incluye un capítulo especial que estudia las relaciones entre los alumnos, entre los profesores y entre los profesores y los alumnos, y que tiene la misma puntuación que el ítem de gestión de los recursos financieros o aprendizaje en el aula. Por cada ítem, el colegio recibe una puntuación según los niveles de logro alcanzados, evaluación que da lugar a recomendaciones o incluso a sanciones, que pueden ir desde la disminución de los recursos concedidos, multas o retiro de algunas prerrogativas.


Warning: Invalid argument supplied for foreach() in /www/wwwroot/www.icarito.cl/wp-content/themes/icarito-v1/template-parts/content-relacionadas.php on line 13