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El orfebre e impresor Johannes Gutenberg nació en la ciudad alemana de Maguncia (Mainz) alrededor del año 1400 d.C. Su verdadero apellido era Gensfleisch. El nombre con el que se le conoce mundialmente, Gutenberg, se debe a la hacienda de su familia, que era una de las principales de la ciudad. En su juventud se unió al gremio de los orfebres y también trabajó como estampador de láminas. En forma paralela, experimentaba para conseguir una forma de impresión más rápida. Lo logró mediante piezas cúbicas, o tipos, de madera, que en una de sus caras tenían una letra tallada en relieve. Estos se entintaban y presionaban sobre un pergamino para lograr la impresión.

En 1434, se fue a Estrasburgo (actualmente en Francia), donde formó un taller de orfebrería junto a varios socios. Además del tallado de piedras preciosas y la manufactura de lentes y espejos, Gutenberg siguió trabajando en secreto la técnica de impresión. Alrededor de 1448 regresó a Maguncia. En esta ciudad formó una sociedad con Johann Fust y Peter Schöffer, para desarrollar su invento.

El funcionamiento de la imprenta

Para crear su imprenta, Gutenberg: Adaptó una prensa de madera, de las que se usaban para moler la uva en la preparación del vino. Creó tipos móviles metálicos (de plomo), que, a diferencia de los de madera, eran mucho más resistentes, por lo que se podían utilizar muchas veces. Los diseñó como la escritura a mano de la época, al estilo gótico. Modificó la consistencia de la tinta, para que fuera densa y se pegara bien a los tipos (aporte de Schöffer). Los tipos se colocaban uno tras otro, sobre una vara de madera (en línea). Las palabras quedaban separadas por un tipo sin relieve, que no imprimía nada. Las líneas obtenidas se ordenaban en una caja o galera. Después, se untaba tinta en los caracteres y se ponía un pergamino sobre ellos. La impresión se obtenía de la presión de la galera contra la hoja mediante la prensa.

El pleito que lo arruinó

Aunque Gutenberg imprimió varias obras, como un fragmento del Juicio Final de Sibyllenbuch, el Catholicon de Juan de Ganua y la Gramática latina de Aelius Donatus, su obra célebre es la Biblia de 42 líneas o de Mazarino, terminada en 1455 (ver recuadro). A fin de llevar a cabo esta gran obra, en 1450 su socio Fust le prestó 800 florines para que instalara la imprenta, fundiera las letras metálicas y comprara el pergamino para imprimirla.

Dos años después, Fust le entregó la misma cantidad de dinero para que terminara la impresión. Pero faltaba la ornamentación a mano y el empaste de los impresos. Cansado de esperar las ganancias, Fust exigió la devolución del dinero ante los tribunales.

Todo quedó en sus manos. Gutenberg tuvo que entregarle sus materiales de trabajo y los derechos no solo de la Biblia, sino también de los demás trabajos hechos en su taller. En el Salterio de Maguncia de 1457, el primer libro europeo que lleva el nombre de sus impresores, aparecen Fust y Schöffer. Tras deambular por Europa y emprender diversos proyectos, Gutenberg, arruinado económicamente, se volvió a instalar en Maguncia. Años más tarde, Adolfo II de Nassau -arzobispo y elector imperial de esa ciudad-, lo recompensó por su invento con un título de nobleza, el de gentilhombre, y una pensión que le permitió vivir tranquilo los últimos tres años de su vida. Murió en febrero de 1468.

El impacto de la imprenta

El invento de Gutenberg no solo provocó el despegue de la industria editorial, al multiplicarse el número de imprentas y de libros impresos, sino también una revolución cultural al incrementar en forma radical la difusión del conocimiento, impactando todos los ámbitos de la sociedad (política, educación, artes, religión, etc.). Antes de la imprenta, los libros eran copiados a mano en los monasterios, por lo que eran faros y escasos. Solo los ricos, la Iglesia católica y las universidades tenían pequeñas bibliotecas con unas docenas de libros. Por esto, la imprenta, al abaratar los costos y aumentar la producción de libros, democratizó el acceso al conocimiento, contribuyó al alfabetismo y permitió el desarrollo del pensamiento crítico.

Además, surgieron nuevas universidades y escuelas. Movimientos como el humanismo o el protestantismo, e incluso la revolución industrial, se produjeron, en gran medida, gracias a la difusión de sus ideas. Entre 1450 y 1500 se imprimieron más de seis mil obras diferentes.

A finales del s. XV más de 250 ciudades de Europa tenían imprenta. Alemania e Italia eran los más provistos, seguidos por Francia, Suiza, España e Inglaterra. En el siglo XV, los tirajes promedios eran de 500 ejemplares; en el siglo XVI, de tres mil. A fines del s. XV se habían impreso 15 ó 20 millones de ejemplares. Durante el s. XVI, se estima que esa cifra llegó a los 150-200 millones. Tres cuartas partes de los libros impresos en el s. XV estaban escritos en latín y la mitad de ellos eran textos religiosos. El resto eran de literatura antigua, gramática, jurídicos y científicos.

 


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