Se cuenta que hace cientos de años había una bella muchacha llamada Isabel, que siempre jugaba a orillas del río y sus padres siempre estaban muy confiados de que su hija era tranquila, cuidadosa y por sobre toda las cosas virgen.
Un día cualquiera Isabel fue a jugar como siempre a orillas del río, cuando de repente aparece un bello muchacho, alto, rubio, de ojos azules, su nombre era Maximiliano; al conocerse fue como amor a primera vista.
Pasaron varios años desde que Isabel no ve a sus padres, porque se había casado con Maximiliano, y temía que sus padres la castigarán. Cuando ya Isabel y Maximiliano están muy viejos decidieron ir al viejo río en el que Isabel solía jugar, allí estuvieron todo una tarde de primavera recordando cuando eran jóvenes; tal fue la alegría de Isabel con Maximiliano que decidieron dormir la siesta después de ese excitante momento, los dos se durmieron, pero no nunca más despertaron.
Tercer Viaje de Cristóbal Colón