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COPESA

Biografías, L

Luna Pérez, Pedro

Pedro Luna se interesó por el retrato, pero su fuerza e ímpetu pasional se expresaron mejor que nunca en su paisaje moderno, no bucólico y campesino, que revela expresividad y esfuerzo humano, como el de su cuadro titulado Puerto.

Nació en 1896, fruto de amores prohibidos. Fue hijo de Alba Luna Pérez y un general del que se dice estaba emparentado con los Carrera. Fue considerado hijo ilegítimo y debió cargar con un fuerte estigma social. A los 14 años se trasladó a Santiago, e inició sus estudios en la Escuela de Bellas Artes con Valenzuela Llanos, Juan Francisco González, Pedro Lira, y posteriormente, Álvarez de Sotomayor.

Ha sido considerado como el más joven integrante de la Generación del 13, que tomó su nombre de la fecha de una exposición colectiva del grupo, realizada cuando él tenía apenas 17 años. Se casó a los 24 años de edad con Julia Larraín Martínez de Walker. Junto a ella realizó su único viaje a Europa, donde tuvo ocasión de estudiar pintura decorativa, principalmente en Italia. En 1921, recogió aplausos y el Gran Premio de Roma con su obra El Barco Rojo. En 1922, regresó a Santiago y expuso en el Salón Oficial, sin obtener grandes distinciones.

Búsqueda de subsistencia

En 1923, Luna se separó de su esposa e inició un largo periplo por diferentes regiones chilenas en búsqueda de sustento. Vivió en Traiguén durante 3 años, pintó por encargo para un convento y la Logia Masónica, dirigió la Academia de Pintura de Linares, y llegó hasta Punta Arenas. En Santiago, fue dibujante de la Escuela de Medicina. Para vivir tenía solo su talento. En 1933 se casó en segundas nupcias con Rosana Chaparro.

Reconocimiento tardío

Luna se instaló en Viña del Mar, ya en la miseria y alcohólico. Por sus arranques de vehemencia se le ha comparado con Van Gogh. Canjeando obras para pasar el día, fue extremadamente prolífero; se piensa que realizó cerca de 2.000 cuadros. Más de dos décadas después de que los médicos le diagnosticaron una rápida muerte por cirrosis, Pedro Luna enfermó y fue internado en el Hospital Van Büren, y luego en el Centro de Salud de Viña del Mar. Allí murió el 19 de diciembre de 1956, aquejado de cáncer. Lo acompañaban su esposa y sus amigos. Apenas cinco años después de su muerte, se pagaban por sus pinturas precios por los que él hubiera entregado su obra completa. Se cumplía la clásica historia de la gloria póstuma.

Una obra moderna

Pedro Luna se interesó por el retrato, pero su fuerza e ímpetu pasional se expresaron mejor que nunca en su paisaje moderno, no bucólico y campesino, que revela expresividad y esfuerzo humano, como el de su cuadro titulado Puerto. La vena satírica y de contenido social también fue característica de su obra, expresada en cuadros como La Fábrica. Una de las piezas más notables de su período de errante por el Sur de Chile es La Danza de las Enanas (1935). Sus últimas creaciones no tienen la fuerza casi alucinante de sus primeros tiempos, y en ellas aparecen formas nubladas e inciertas.