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Nació en Moscú el 2 de agosto de 1857. Fue hijo del comerciante de Luebeck Eugen Gottfried Theodor Hanssen y de Julia Burchiardi. Realizó sus primeros estudios en el Gymnasium Catharineum de Luebeck, donde además aprendió Latín, Griego, y algunas nociones sobre la Antigüedad Clásica. Estuvo algunos semestres en la Universidad de Liepzig y en la Universidad de Strasburgo.

En 1882 obtuvo en esta el diploma de doctor en Filosofía y dos años más tarde el cargo de privatdozent en la Universidad de Liepzig. En 1889 el gobierno real de Sajonia le otorgó el honroso nombramiento de profesor extraordinario de Filología.

En enero del mismo año fue contratado por el gobierno de Chile para hacerse cargo de las clases de Linguística, Griego, Alemán, Retórica e Historia Literaria, en el Instituto Pedagógico.

Además le encomendaron las clases de Latín, Griego y Alemán en el Instituto Nacional.

El profesor Hansen fue el artífice de importantes reformas en la cátedra de Filología Clásica. Publicó numerosos artículos en los Anales de la Universidad de Chile y en los Anales de la Sociedad Científica Alemana. Su obra principal es Gramática Histórica de la Lengua Castellana.

Fue nombrado director del Instituto Pedagógico en 1911.

«Su barba blanca de Zeus…»

La imagen que dejó el profesor Hansen en sus alumnos fue la de un docente metódico, claro y ordenado. No se le recuerda enojado, aunque tampoco nunca se le vio reírse de veras; era más bien un hombre de carácter moderado.

Su alumno Enrique Molina lo describió así: «Con su barba blanca de Zeus y su serenidad imperturbable, tenía una majestad olímpica. Parecía no importarle nada fuera del cumplimiento de su deber y sus estudios». Fue reconocido como una persona caballerosa, de carácter benévolo y una gran disposición para ayudar siempre a sus alumnos.

La dedicación fundamental de Hanssen fue la Métrica y dirigió su mirada casi exclusivamente a los textos sobre los orígenes del Castellano. Siempre buscó establecer reglas o leyes que regularan el lenguaje. Se concentró en poner su inteligencia al servicio del avance en los estudios filológicos.

Durante varios períodos presidió la Sociedad Científica Alemana, el Club Alemán y el Directorio del Colegio Alemán. Fallece rodeado de sus alumnos.

En 1916 le correspondió crear la escuela primaria nocturna que dos años más tarde se convirtió en el Liceo Nocturno, y tras su muerte pasó a tener su nombre.

Poco antes de agravarse su estado de salud, reconoció y dio su apellido a tres hijos varones; su herencia se limitaba a una pequeña casa en la Calle Tocornal.

Falleció después de una prolongada enfermedad en el Hospital Alemán el 19 de agosto de 1919 teniendo hasta el último momento en su cabecera a algunos de sus alumnos, en quienes dejó un hermoso recuerdo.


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