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El cambio climático afecta a todos los aspectos de nuestra vida diaria, el transporte, la calefacción o incluso nuestra dieta. Cada vez que encendemos la calefacción eléctrica o de gas, estamos directa o indirectamente quemando combustibles fósiles y emitiendo gases de efecto invernadero.

Cuando utilizamos el auto, éste emite CO2 de la bencina que quema el motor, además de gases que producen ozono de bajo nivel, el cual es otro gas de efecto invernadero. Cuando comemos carne o arroz, estamos indirectamente contribuyendo a la producción de metano originado por las vacas o proveniente de los arrozales. Cuando desechamos materia orgánica como comida, sobras y papel, ésta se descompone en vertederos de basura y produce metano. Cuando compramos frigoríficos que usan clorofluoruro de hidrógeno (CFH), éste es uno de los gases de efecto invernadero más contaminante. Si englobamos todo esto, el problema es sobrecogedor y difícil de atajar, pero por otra parte, se pueden llevar a cabo acciones a través de múltiples facetas y comportamientos de la vida diaria…

Pero entremos en materia…

¿Por qué está cambiando el clima?

El cambio climático es la alteración de los climas a nivel mundial. Significa que nuestra tierra se está calentando gradualmente en un proceso dañino llamado calentamiento global. Los últimos años han sido los más calurosos y los científicos especializados anuncian que las temperaturas seguirán aumentando. La mayoría de los expertos está de acuerdo con que los humanos ejercemos un impacto directo sobre este proceso de calentamiento, conocido como el «efecto invernadero».

¿Qué es el efecto invernadero?

La atmósfera de la Tierra está compuesta de muchos gases. Los que más abundan son el nitrógeno y el oxígeno (este último es el que necesitamos para respirar). El resto, menos de una centésima parte, son gases llamados «de invernadero«. No los podemos ver ni oler, pero están allí. Algunos de ellos son el dióxido de carbono, el metano y el dióxido de nitrógeno.

El efecto invernadero es una condición natural de la atmósfera, pero la generación de los gases de invernadero aumenta cada día debido principalmente a la industrialización.

En pequeñas concentraciones, estos gases son vitales para nuestra supervivencia. Cuando la luz solar llega a la Tierra, un poco de esta energía se refleja en las nubes; el resto atraviesa la atmósfera y llega al suelo. Gracias a esta energía, por ejemplo, las plantas pueden crecer y desarrollarse.

Pero no toda la energía del Sol es aprovechada en la Tierra; una parte es «devuelta» al espacio. Como la Tierra es mucho más fría que el Sol, no puede devolver la energía en forma de luz y calor. Por eso la envía de una manera diferente, llamada «infrarroja». Un ejemplo de energía infrarroja es el calor que emana de una estufa eléctrica antes de que las barras comiencen a ponerse rojas.

Los gases de invernadero absorben esta energía infrarroja como una esponja, calentando tanto la superficie de la Tierra como el aire que la rodea. Si no existieran los gases de invernadero, el planeta sería cerca de 30 grados más frío de lo que es ahora. En esas condiciones, probablemente la vida nunca hubiera podido desarrollarse. Esto es lo que sucede, por ejemplo, en Marte.

Marte tiene casi el mismo tamaño de la Tierra, y está a una distancia del Sol muy similar, pero es tan frío que no existe agua líquida (sólo hay hielo), ni se ha descubierto vida de ningún tipo. Esto es porque su atmósfera es mucho más delgada y casi no tiene gases de invernadero. Por otro lado, Venus tiene una atmósfera muy espesa, compuesta casi en su totalidad por gases de invernadero. ¿El resultado? Su superficie es 500ºC más caliente de lo que sería sin esos gases.

Por lo tanto, es una suerte que nuestro planeta tenga la cantidad apropiada de gases de invernadero.

El efecto de calentamiento que producen los gases se llama efecto invernadero: la energía del Sol queda atrapada por los gases, del mismo modo en que el calor queda atrapado detrás de los vidrios de un invernadero.

Según un estudio, publicado por la revista Nature, la primavera es más larga debido en parte al efecto invernadero. Este estudio afirma que desde principios de 1980 la primavera se adelanta y la vegetación crece con mayor vigor en las latitudes septentrionales; esto se debe al calentamiento global que ha afectado a una gran parte de Alaska, Canadá y el norte de Asia y Europa, que a su vez está relacionado con el efecto invernadero de origen humano (teoría según la cual la población humana ha contribuido a la concentración de gases, tales como el dióxido de carbono, en la atmósfera).

Mediante el uso de imágenes obtenidas a través de satélites climáticos, los científicos proporcionan pruebas del cambio climático y aportan datos significativos para el estudio del calentamiento global del planeta.

¿Sabes cuáles serán las consecuencias del cambio climático?

A medida que el planeta se calienta gradualmente se van produciendo diversas alteraciones, como el derretimiento de los cascos polares. Cuando el calor del sol llega a los polos, es reflejado de nuevo hacia el espacio. Al derretirse los cascos polares, será menor la cantidad de calor que se refleje, lo que hará que la tierra se caliente aún más.

El calentamiento global también ocasionará que se evapore más agua de los océanos. El vapor de agua actúa como un gas invernadero. Así pues, habrá un mayor calentamiento. Esto contribuye al llamado «efecto amplificador«.

¿Qué podemos hacer para evitar que el cambio climático?

– Pídele a tus papás que usen menos el auto.
– Utiliza medios de trasporte público o limpios como la bicicleta.
– Habla con tu profesora y pídele que le enseñe a tu curso más sobre el cambio climático.
¡Todos podemos contribuir a evitar el calentamiento global!

¿Qué podemos hacer para evitar que el cambio climático?

Todos los habitantes de este planeta, estamos obligados a tomar medidas para detener el cambio climático y el aumento del efecto invernadero. Aunque las grandes decisiones, tomadas por los gobiernos de los países, son fundamentales, hay muchas formas de ayudar a la descontaminación que están a nuestro alcance.

Por ejemplo, cada vez que usamos una bicicleta o caminamos en vez de utilizar el auto, estamos ayudando a mejorar el aire.  Lo mismo sucede cuando plantamos un árbol.

En tu casa, recuerda no malgastar la energía eléctrica. Apaga las luces cada vez que salgas de una pieza; no dejes el televisor o el equipo de música encendidos cuando no los estés usando. No dejes correr el agua caliente cuando lavas.

También puedes dar nuevos usos a las botellas. Recicla el vidrio, los plásticos y el papel.

Recuerda siempre que cada minuto los seres humanos emitimos 48 mil toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Y todos podemos ayudar a disminuir esta cantidad.

 


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