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Dr. Fernando Mönckeberg
Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas
Asesor científico ciclo Cuerpo Humano

Si estás leyendo esto, detente un momento, pues de lo que vamos a hablar es de algo que realizas constantemente, de día y de noche, desde que naces hasta que mueres, pero de lo cual no te das cuenta. Con el silencio, ¿notaste cómo entraba y salía aire por tu nariz principalmente? Si es así, entonces estás en condiciones de continuar, porque ya sabes de qué se trata este capítulo: la respiración o, más específico, el sistema respiratorio.

Tan importante es respirar que, si lo dejáramos de hacer, tampoco podríamos realizar ninguna otra actividad. Nuestro cuerpo no puede guardar oxígeno por mucho rato, por lo que, de manera automática, entra y sale aire en nuestro organismo. Este proceso es el que vamos a describirte ahora, al mostrarte cómo funciona nuestra máquina procesadora del aire necesario para vivir.

Hemos utilizado el término respirar varias veces. Pues bien, esto significa trasladar aire a los pulmones, lo que se hace por una razón muy especial: ya sabes que la célula es la unidad fundamental de la vida. Bueno, necesita oxígeno, y es el aire el que se lo proporciona. Y es gracias al sistema respiratorio que este componente llega a la sangre, para que esta lo distribuya a todos los tejidos de tu cuerpo. Los residuos de este proceso forman un gas denominado anhídrido carbónico, que carece de utilidad y es muy tóxico, por lo que debe ser eliminado, función que también cumple el sistema respiratorio.

En la respiración, cuando incorporas oxígeno aspiras (o inhalas) y cuando botas el anhídrido carbónico espiras (o exhalas). En esta etapa se intercambia más de medio litro de aire.

El sistema respiratorio está formado principalmente por dos grandes secciones:

– La que permite el ingreso del aire a las superficies respiratorias; es decir, las vías respiratorias: conjunto de estructuras formado por la cavidad nasal, la faringe, laringe, tráquea, bronquios y subdivisiones más pequeñas;
– El aparato pulmonar, donde se efectúan los intercambios gaseosos entre el aire del ambiente y la sangre.

Las vías respiratorias están cubiertas por una armazón ósea o cartilaginosa que mantiene abiertos estos caminos para que el aire pueda pasar libremente.

Atrapando el aire

Las fosas nasales, ubicadas en la nariz, son las encargadas de absorber el aire. Se componen de dos cavidades alargadas con dos pares de aberturas, unas anteriores y otras posteriores. Las primeras se mantienen en contacto con el exterior. Las segundas, llamadas coanas, conectan con el interior.

Cuando el aire pasa por las fosas nasales es entibiado por la gran superficie mucosa del tabique nasal y sus tres relieves denominados cornetes, siguiendo su calentamiento durante el paso por las vías respiratorias hasta llegar a los bronquios, para tener una temperatura similar a la dominante en el interior del cuerpo.

El aire también trae consigo muchas partículas de polvo, las cuales son retenidas en su mayoría por los pelos de la nariz, los cilios vibrátiles -que actúan como pestañas- y el moco que se acumula en esa área.

De dos mundos

Otra estructura que tiene una capa mucosa diseñada para capturar partículas de polvo es la faringe, que viene luego de las fosas nasales y que es un segmento común al sistema respiratorio y al sistema digestivo. De 13 centímetros de largo, se extiende desde la base del cráneo hasta la sexta vértebra cervical y se divide en tres partes: porción nasal o rinofaringe; porción bucal u orofaringe, y porción laríngea o laringofaringe.

La etapa faríngea de la deglución, cuando tragas alimento, es un acto absolutamente reflejo e involuntario y, por lo mismo, del cual no te das cuenta. Durante uno o dos segundos, la respiración se frena para dar paso al alimento.

El aire convertido en voz

El aire no sólo nos sirve para respirar, sino que también produce el milagro de la comunicación oral, al permitirnos hablar. Claro que no todo el crédito se lo lleva él, porque si no tuviéramos la laringe, lo demás sería inútil.

La laringe se ubica entre la raíz de la lengua y la tráquea. Contiene cuatro cuerdas vocales que te ayudan a hablar; pero solo dos de ellas, las cuerdas verdaderas, son las que participan en el origen de la voz, a diferencia de las dos cuerdas falsas.

La cavidad de la laringe se divide en tres partes: parte superior o vestíbulo, situada sobre la cuerda vocal superior, y que tiene un orificio que comunica con la laringe y la epiglotis, e, interiormente, con la glotis; parte media o glotis, situada entre la cuerda vocal superior e inferior; y una parte inferior, que comunica con la tráquea.

La laringe se mueve con la fonación (el habla humana), la voz y la deglución. En el caso de esta última, es llevada hacia arriba y adelante, apartando a la glotis del paso de los alimentos, que se escurren por los lados de la epiglotis sin que se desvíen hacia la tráquea.

Laringes distintas

En el hombre adulto, la laringe está ubicada frente a la tercera, cuarta, quinta y sexta vértebras cervicales; en cambio, en los niños y en la mujer adulta se encuentra en una posición un poco más alta. De hecho, hasta la pubertad el tamaño de la laringe es distinto entre hombres y mujeres.

¿Sabías que?

No puedes dejar de respirar por más de cuatro minutos. Si lo haces, te asfixiarías hasta llegar a la muerte.


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