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El primer asentamiento humano en el continente americano ha sido siempre uno de los enigmas más complejos y discutidos de la arqueología. Cualquier nuevo hallazgo suscita discusiones y equivale a recibir los aplausos de algunos seguidores y el abucheo de otros tantos detractores.

Hace unos 40.000 años el estrecho de Bering que separa América de Asia no existía, en su lugar había una suerte de puente intercontinental que los científicos han denominado como Beringia. Al final del pleistoceno, hace unos 10.000 años, este puente intercontinental se inundó, dando lugar al estrecho de Bering y al mar del mismo nombre. Las causas de esta inundación fueron el aumento global de la temperatura del planeta que produjo el derretimiento de los casquetes polares, lo cual trajo aparejado a su vez que el nivel del mar se elevara como consecuencia de los millones de cm cúbicos de agua que los océanos recibieron de los deshielos.

Los científicos suponen que El «puente» de Beringia, fue la única ruta temprana por la cual las poblaciones se aventuraron a América. Hoy es aceptado que las primeras poblaciones Homo Sapiens nacen en Africa, la cuna de la humanidad. Una vez evolucionado el Homo Sapiens va a extender su colonización a la tundra fría oriental, allí donde sus antecesores fracasaron. La presión demográfica pudo haber sido la causa de la migración, una gran cantidad de gente subsistiendo en un mismo hábitat conllevará tarde o temprano a un stress en los recursos. En el Homo Sapiens la solución ante un desequilibrio en los recursos era la migración: al principio se deben haber aventurado en la tundra esteparia estacionalmente, pero cuando vieron que era posible ocuparla permanentemente con una ropa, tecnología y refugios adecuados, lo hicieron. Así, las fronteras medioambientales se derribaron, los cazadores recolectores se movieron rápidamente hacia el norte y este por la zona de Rusia hasta llegar a Siberia. La expansión hacia el nordeste fue breve porque la naturaleza misma de la adaptación dependía de una movilidad constante: el rastreo de los animales de caza.

Rápidamente, esta nueva especie dotada de una cultura compleja que le permite adaptarse a diversos ambientes, emprende la conquista del planeta migrando hacia el Nordeste. Estos hombres, traían consigo un equipaje lítico similar al del Paleolítico Superior encontrado en el Viejo Mundo, que fue denominado «Paleoindio».

Muchos investigaciones previas se orientaban a la hipótesis ya no de una vía terrestre en el poblamiento, sino transoceánica. Implicaba varias oleadas migratorias: así se explicaría la gran diversidad cultural que se encontró. Pero esta hipótesis fue rápidamente desechada, para esa época no habría habido la tecnología necesaria para afrontar un viaje transoceánico de tal magnitud, por otro lado, las islas del pacífico y la Polinesia aún no estaban pobladas para ese momento, la lógica implicaría que deberían haber sido ocupadas primero, antes de lanzarse al océano en búsqueda de nuevos horizontes. En cuanto a la diversidad cultural, nuevos enfoques dejaron en evidencia que un solo grupo puede generar diversas tradiciones culturales que en muy poco tiempo pueden llegar a diferir tanto que no parecerían tener un origen común. Así, se aceptó a Beringia como única ruta temprana. Las poblaciones sapiens habrían cruzado sin tener conciencia de ello: persiguiendo a sus presas de caza lo fueron poblando paulatinamente sin la intención deliberada de conquistar.

Pero si bien es compartido que la ruta de acceso tuvo que ser Beringia, se sigue debatiendo sobre el momento y la manera en que el poblamiento se produjo. Unos se inclinan por el poblamiento temprano (35 a 25.000 años a.p.) al principio de la última glaciación. Otros lo hacen por el Poblamiento tardío (13.000 o 12.000 años a.p.) después de la última glaciación. Se supone que la glaciación formó una barrera de hielo que impedía el paso por el puente, por ello los investigadores se inclinan por un antes o después. Los que defienden poblamiento temprano se basan en evidencia de Sudamérica: con una antiguedad en ocasiones de 13.000 años. Esto contradice las suposiciones tardías, puesto que no podrían estar esos grupos con esa antiguedad en ese lugar. Los que defienden el ingreso tardío se basan en sitios de Norteamérica que tienen una antiguedad de alrededor de los 11.000 años. Estos asentamientos pertenecen a la tradición paleoindia denominada «Cultura Clovis».

De una forma u otra Siberia parece ser el hogar ancestral de los americanos: los cazadores recolectores siberianos en algún momento caminaron o cruzaron Beringia hacia América.

La fecha de ocupación más temprana que se tiene para Siberia corresponde a los sitios del Valle Aldan, excavados por el arqueólogo ruso Mochanov. Allí se han encontrado dataciones del orden de los 35.000 años de antiguedad.

Los defensores del poblamiento temprano se basan en estas excavaciones para proponer un ingreso temprano a América: ¿si ya estaban en su puerta tan temprano, porqué no habrían de cruzar?. Sin embargo, los radicales tardíos alegan ciertos problemas en la datación y el manejo de la evidencia por parte de Mochanov. Proponen basarse en fechados más seguros como los correspondientes a la denominada «Cultura Dyuktai» que floreció en la zona a partir de los 18.000 años a.p.: los hallazgos de esta tradición se caracterizan por un conjunto de bifaces y puntas de proyectil muy parecidas a los paleoindios encontrados en Norteamérica.

En los últimos años se han presentado sucesivas evidencias de nuevos asentamientos que indicarían un claro poblamiento temprano del continente, por lo menos de unos 25 a 30.000 años antes del presente. Pero los arqueólogos estadounidenses se reniegan, a veces tajantemente, a ceder en ninguna de sus estimaciones. Para la mayoría de ellos el hombre no pisó suelo americano por lo menos hasta hace unos 12.000 años atrás, cuando aparecen en el norte registros confiables de ocupación. Para ellos, cualquier evidencia que contradiga este supuesto entra en la categoría de «dudosa». Es por esta razón que muchos arqueólogos sudamericanos denominan «cariñosamente» a sus colegas del norte como «Mafia Clovis».

Varios factores entran en la discusión, uno de ellos es la restricción medioambiental que habría imperado en la región. Se dicute la presencia de un corredor entre los hielos por el cual los grupos habrían pasado hacia el sur.

De haber existido apoyaría la postura tardía puesto que se habría formado alrededor de los 13.000 a.p. Pero los defensores del poblamiento temprano no están de acuerdo tampoco con aceptar tajantemente un modelo de poblamiento terrestre por el interior del continente. Para ellos lo más lógico hubiera sido que los grupos se guiaran hacia el sur por las costas, siguiendo la orilla en una única dirección y penetrando el continente paulatinamente: proponen un modelo costero de poblamiento. Este modelo tiene algunas ventajas: se explicaría la no existencia de sitios tempranos en Norteamérica por la subida del mar que se «comió» las costas a finales del pleistoceno; se da una mejor explicación de la evidencia temprana; se desprende de la existencia o no del corredor entre los hielos. Este modelo, sin embargo encuentra cierta dificultad con la evidencia encontrada fuera de las costas, como el caso del sitio Meadowcroft Rockshelter.

Los sitios arqueológicos mas antiguos de Sudamérica son de mas de 12.000 años: Tal es el caso de sitios como Monte Verde de Chile, Pedra Pintada en Brasil o Piedra Museo en Argentina. En Monte Verde las investigaciones estuvieron a cargo de un arqueólogo estadounidense: Tom Dillehay. Para lograr que sus descubrimientos fueran aceptados, realizó un estudio minucioso e interdisciplinario durante casi 20 años, analizando los datos desde distintas perspectivas. El estudio otorgó tal respaldo a los datos, que los especialistas se vieron obligados a replantear las ideas predominantes sobre la fecha del poblamiento americano. Pero el debate lejos de esclarecerse, se acrecentó.

Los defensores del poblamiento temprano acusan la inflexibilidad de sus pares tardíos por reconocer la nueva evidencia, los acusan de mantener la «barrera» de los 14000 a.p. Por otro lado, para algunos investigadores traspasar ese límite se ha convertido en una suerte de «búsqueda del Santo Grial».

El origen del hombre americano desde siempre ha suscitado controversias, son famosas las suposiciones erróneas del paleontólogo argentino Florentino Ameghino a principios de siglo, proclamando el origen de nuestra especie en Pampas Argentinas.

Para investigadores como Butzer la dificultad de recoger evidencia temprana de los primeros pobladores deriva del hecho de que los grupos estaban formados por pocas personas, y eran muy móviles. Esto implicaría asentamientos dispersos en grandes territorios con una baja densidad de desechos arqueológicos: baja visibilidad de los sitios y por ende pocas posibilidades de descubrimientos (sumado a las causas naturales y geológicas que inciden en su preservación). Las primeras periodizaciones que se propusieron se basaban en clasificaciones tipológicas de las puntas encontradas y en su ubicación estratigráfica. Así se estableció una asociación «Cultura – Punta». El primer sitio paleoindio que se aceptó fue Folsom en 1928, donde se encontró unas puntas incrustadas en huesos de bisontes extintos, en clara asociación. Este hecho hizo que se aceptara la presencia humana para el pleistoceno en el continenete americano.


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