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Natural de Mendoza, Juan Martínez de Rozas nació en 1759, cuando esa ciudad aún pertenecía al Reino de Chile. Sus padres fueron Juan Martínez de Soto Rozas y María Prudencia Correa Villegas. Realizó sus estudios superiores en la Universidad de Córdoba, desde donde se trasladó a Santiago en 1780, a cursar Leyes en la Real Universidad de San Felipe.
Al año siguiente, obtuvo su Bachillerato, y en 1784 se recibió de abogado ante la Real Audiencia. Luego, se doctoró en Derecho Civil y Canónico. Sus conocimientos le permitieron desempeñarse como profesor de filosofía y leyes en el Colegio Real de San Carlos, además de dar lecciones de física. En 1808, asumió como secretario del gobernador Francisco Antonio García Carrasco y luego se transformó en uno de los más ardorosos defensores de la Independencia de Chile.

Exiliado por José Miguel Carrera, murió en Mendoza en 1813, y fue enterrado en la catedral de aquella ciudad. Sus restos fueron repatriados a Chile en 1889, y depositados en Concepción.

Su carrera pública en Concepción

Inició su carrera pública en 1787, cuando el entonces brigadier y pronto a asumir la Intendencia de Concepción, Ambrosio O’Higgins, lo eligió como asesor. Su desempeño funcionario mereció elogios e incluso durante un año completo asumió como Intendente interino.

En 1796, su trabajo le valió ser llamado como asesor del gobernador Gabriel de Avilés, puesto que ocupó hasta 1800. Concluida esta función, retornó a Concepción para retomar su antiguo cargo, en el que había sido reemplazado, en forma interina, por el abogado Ignacio Godoy.

El Intendente Luis de Álava pretendía que este último continuase ejerciendo y dirigió un informe reservado al Ministro de Gracia y Justicia en el cual argumentó una serie de inconvenientes para que Martínez reasumiera. El principal de ellos era que se había casado con María de las Nieves Urrutia y Mendiburú, hija de José de Mendiburú, el vecino más acaudalado de la ciudad, hecho que creaba vínculos que harían de su gestión algo controversial.

Desde Madrid, se solicitó a la Audiencia de Santiago que informase sobre el punto. En 1801, el Obispo de Concepción, Tomás de Roa, el Comandante Pedro Nolasco del Río, y el Cabildo de la misma ciudad, redactaron extensos memoriales destacando sus servicios. Disgustado con el asunto, Martínez expresó que el cargo ya no le interesaba, pero defendió su honor ante las acusaciones del Intendente. Finalmente, no ocupó el puesto, pero quedó en claro que su proceder había sido honesto y -lo que quizás resulte más importante- cuál era su poder en la región.

Secretario de García Carrasco

A inicios de 1808, la noticia de la inesperada muerte del Gobernador Luis Muñoz de Guzmán lo sacó de su retiro. En Santiago, la Real Audiencia -desconociendo una Real Cédula de 1806 que disponía que en casos como aquel fuese nombrado Gobernador interino el militar más antiguo con rango igual o superior al de Coronel- había dispuesto que su Regente, Juan Rodríguez Ballesteros, asumiese la gobernación. En Concepción, tanto los militares como el Intendente Álava, quien pretendía el cargo para sí, y Martínez de Rozas, protestaron. En estricto rigor, dicho puesto debía ser entregado al Brigadier Pedro Quijada, quien ya contaba con 74 años de edad y se encontraba gravemente enfermo. Debido a ello, el cargo vacante debía recaer en el Brigadier Francisco Antonio García Carrasco, quien se encontraba en Concepción.

Para hacer prevalecer su derecho, García Carrasco convocó a una junta de oficiales, que lo apoyó en su pretensión. La Real Audiencia solicitó un informe a su fiscal, quien se pronunció por el obedecimiento a la Real Cédula. El tribunal se dirigió a Quijada para realizar el correspondiente ofrecimiento, finalmente rechazado por el anciano militar. Así, el 27 de marzo la Audiencia reconoció el derecho de García Carrasco y lo nombró Gobernador.

Martínez de Rozas asumió como su secretario privado y conservó el puesto, hasta que tras los sucesos de la Scorpion (octubre de 1808) optó por retornar a Concepción para atender sus intereses particulares y, desde allí, ejercer una influencia decisiva en el movimiento que auspiciaba la formación de una Junta de Gobierno.

En la Junta de Gobierno

Al constituirse la Primera Junta de Gobierno, Juan Martínez de Rozas fue electo vocal de ella y, por lo tanto, se trasladó a la capital en noviembre del mismo año. Sus capacidades y conocimientos lo transformaron en líder de aquella instancia gubernativa y, como tal, inició la construcción de bases más radicales en su actuación pública.

La muerte de Mateo Toro Zambrano, acaecida en febrero de 1811, y dos meses después la del Obispo Martínez de Aldunate, Vicepresidente de la Junta, lo transformaron en el detentador del poder político que según muchos de sus detractores, entre ellos el Cabildo de Santiago, ejerció en forma arbitraria.

Si bien el Presidente de la Junta era Fernando Márquez de la Plata, quien en realidad tenía su dirección era Rozas.

Como tal, reprimió duramente el intento contrarrevolucionario encabezado por el coronel Tomás de Figueroa el 1º de abril de 1811 e intervino en el correspondiente proceso judicial que se le siguió, redactando él mismo la sentencia de muerte de Figueroa. Según muchas opiniones, la dureza su actuación hizo que los electores de Santiago votaran preferentemente por candidatos a diputado de tendencia realista o conservadora.

De hecho, y según un apunte de Bernardo O’Higgins -quien integró el Primer Congreso Nacional como representante de Los Ángeles-, de los 12 electos por la capital, 5 de ellos eran realistas y 4 indiferentes a la causa revolucionaria. Para controlar cualquier rebrote contrario, Martínez de Rozas ordenó la prisión de su antiguo superior, García Carrasco, y suspendió de sus funciones a los Oidores de la Real Audiencia, tribunal que posteriormente fue disuelto.

En la conformación del Primer Congreso Nacional, los partidarios de Martínez no alcanzaron una mayoría sustancial debido, precisamente, a esta forma de ejercicio del poder.

La Junta de Concepción

Una vez que el Congreso entró en sesiones, Martínez de Rozas permaneció en Santiago hasta el 13 de agosto, cuando se resolvió la creación de una nueva Junta. Como en esto los sectores más radicales, de los que era tutor, no tuvieron éxito, varios diputados presentaron su renuncia en forma colectiva y Martínez retornó a Concepción.

Políticamente hablando, la situación había cambiado en aquella ciudad, en especial desde junio, cuando se había determinado que Santiago debía contar con 12 representantes en el Congreso, decisión que hirió el orgullo penquista. El 2 de septiembre -dos días antes del primer golpe de Estado que protagonizó José Miguel Carrera en Santiago- la ciudad sureña acordó exigir la realización de un Cabildo Abierto. El Gobernador Militar de la provincia, Pedro José Benavente no pudo oponerse y la reunión se efectuó el día 5 siguiente.

En ella se desconocieron los poderes de los diputados elegidos con anterioridad y se dispuso su reemplazo por otros más radicales. Ante las tendencias más reaccionarias que parecían dominar en la capital, se acordó la formación de una Junta de Gobierno integrada por Juan Martínez de Rozas, Luis de la Cruz, Bernardo Vergara y Manuel Vásquez de Novoa, la que si bien reconocía al gobierno nacional, ejercería la plenitud del poder en la provincia.

Nuevo acercamiento al poder

Mientras esto ocurría en el Sur, en Santiago, el 4 de septiembre, José Miguel Carrera había dado su golpe de Estado. Este hecho acercó nuevamente a Martínez de Rozas al poder, pues fue nombrado miembro del Tribunal Ejecutivo que se formó en la ocasión, pero -como permaneció en Concepción- fue reemplazado en calidad de interino por Juan Miguel Benavente.

Si bien el golpe puso a los radicales en el poder, nuevas disputas se sucedieron al interior del grupo y Carrera lideró otro golpe en noviembre del mismo año. Fruto de ello fue la conformación de una Junta Provisional de Gobierno, en la que Martínez fue nombrado vocal. Tampoco asumió y fue reemplazado en forma interina por Bernardo O’Higgins.

La renuencia del poderoso hombre de Concepción se debía a que el caudillo militar, en el fondo, estaba concentrando el poder en sus manos. El distanciamiento con Carrera no tardó en producirse.

Para Martínez de Rozas y sus seguidores, los hechos ocurridos no hacían sino desprestigiar al movimiento revolucionario, atropellar los derechos de los pueblos y establecer el predominio de las fuerzas militares.

Rivalidad con José Miguel Carrera

Carrera despachó agentes que interceptaron la comunicaciones de la Junta penquista y así llegó a sus manos un escrito en que aquella ofrecía sus fuerzas al presidente del Congreso. En vista de ello, decidió enviar a Bernardo O’Higgins para que tratase de apaciguar los ánimos. Así, el caudillo quedaba desembarazado para proceder, pues los dos miembros de la Junta que lo acompañaban en el poder -O’Higgins y Gaspar Marín- ya no obstaculizaban sus propósitos. El primero había partido al sur y el segundo ya había renunciado como consecuencia de la disolución del Congreso. Como único gobernante, Carrera inició una serie de preparativos militares al mismo tiempo en que afianzaba su posición política. Mientras tanto, O’Higgins llegó a Concepción y entregó las presuntas propuestas de Carrera para arribar a algún acuerdo.

La Junta penquista declaró que se avenía a lograr un entendimiento en aras de mantener la unidad, pero al mismo tiempo pidió que se terminaran los preparativos militares. Finalmente, el 12 de enero de 1812 las negociaciones llegaron a un resultado.

Parecía, a simple vista, que todo terminaría bien, pero Carrera no estaba dispuesto a aceptar los términos del acuerdo e instigó un movimiento contrario a Martínez en la misma ciudad de Concepción. El abogado fue apresado y trasladado a Santiago, para luego ser desterrado a Mendoza (octubre de 1812).

En su ciudad natal ocupó el cargo de Presidente de la Sociedad Patriótica y Literaria.


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