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Ciencias Naturales, Estructura y función de los seres vivos

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Líquenes

Se dice de cualquier cuerpo que se puede observar en el cielo, entendiendo por éste el espacio fuera de los límites terrestres.

Otros tipos de organismos que inducen a engaño son los líquenes, ya que no son un sólo individuo, como aparentan, sino que una simbiosis entre un fotótrofo (un organismo que realiza la fotosíntesis) y un hongo. Sin embargo, las últimas tendencias tienden a incluir los líquenes en el reino Fungi. El fotótrofo suele ser un alga verde o una cianobacteria, y el hongo es generalmente un ascomiceto, aunque en algunos líquenes de regiones tropicales la parte fungal es un basidiomiceto.

Si bien los fotótrofos integrantes de los líquenes también se encuentran como especies de vida libre en la naturaleza, los componentes fungales sólo suelen hallarse como parte del liquen.

En el laboratorio se pueden separar ambos organismos y cultivarlos aparte. El fotótrofo crece más rápido solo. En cambio, el hongo lo hace lentamente y necesita muchos carbohidratos complejos. Además, prácticamente no produce cuerpos fructíferos cuando se separa de esta forma.

Lo que aún no se ha podido determinar es cuál es el beneficio que existe para ambos, sobre todo para el fotótrofo, pues es él quien fabrica, a través de la fotosíntesis que realiza, alimento para los dos. Se ha sugerido que el fotótrofo obtiene agua y minerales del hongo, así como protección contra la sequedad.

Sin embargo, recientemente algunos investigadores han sugerido que, más que mutualismo, el liquen es un caso de parasitismo controlado del fotótrofo por el hongo.

Existen unas 20 mil especies de líquenes y presentan tres formas distintas: los costrosos, que son planos y crecen como una lámina estrechamente unidos al sustrato (capa de tejido situada por debajo de otra, generalmente orgánica); los foliáceos, también planos, pero que tienen lóbulos (extensiones anatómicas) parecidos a hojas y no están tan sujetos al sustrato; y los fruticulosos, que crecen erectos, son ramificados y tienen el aspecto de un pequeño arbusto.

Líquenes resistentes

Los líquenes son capaces de soportar temperaturas extremas, por lo que pueden habitar tanto zonas tropicales como polares, aunque no suelen hacerlo en ciudades industriales contaminadas. Crecen en troncos de árboles, cimas montañosas, y generalmente son los primeros en colonizar áreas de roca desnuda.

Esta habilidad es sumamente importante, ya que gracias a ella tienen un papel fundamental en la formación del suelo. Los líquenes provocan poco a poco pequeñísimas grietas en las rocas a las que se adhieren, con lo que facilitan la desintegración de ellas por la acción del viento y de la lluvia.

También sirven como alimento. Tal es el caso del musgo de los renos de las regiones árticas, que en realidad es un liquen y que, como lo dice su nombre, es la principal fuente de comida para el reno o caribú.

Algunos líquenes producen pigmentos. Uno de ellos, la orchilla, se usa para teñir lana, y otro, el tornasol, se emplea en los laboratorios de química como indicador del pH o acidobásico.

Sus tamaños varían mucho. Algunos son casi invisibles; otros, como el de los renos, pueden alcanzar kilómetros de terreno con organismos que llegan a la altura de los tobillos de una persona. Claro que su crecimiento puede ser muy lento, al aumentar solo menos de un milímetro cada año. Se cree que ciertos líquenes maduros tienen algunos miles de años de edad.

Para nutrirse, los líquenes absorben minerales, tanto del agua como del aire, aunque pueden obtenerlos directamente del sustrato. Su problema es excretar los elementos que procesan, pues no tienen los medios para hacerlo. Por eso quizás son tan sensibles a los compuestos tóxicos y la reducción de su población ha servido de argumento para denunciar la contaminación del aire, sobre todo por dióxido de azufre. La absorción de esos compuestos tóxicos daña la clorofila del fotótrofo. Cuando un liquen se seca, detiene la fotosíntesis y permanece en estado de latencia, en el cual resiste condiciones muy adversas.

La reproducción de los líquenes se realiza, por lo general, a través del desprendimiento de fragmentos llamados soredios, los cuales, si aterrizan en un sustrato adecuado, se establecen como nuevos líquenes. Los soredios contienen células de ambos componentes del liquen. En algunas especies el hongo produce ascosporas (esporas de ascomicetos), que pueden ser dispersadas por el viento y por suerte encontrar un socio algal apropiado.

Líquenes radioactivos

La importancia de los líquenes como detectores de contaminación quedó de manifiesto después del accidente que sufrió una central nuclear ubicada en Chernobyl, Rusia, en 1986. El musgo de los renos (una clase de liquen fruticuloso) absorbió una gran cantidad de la radiactividad producida. Los renos que se alimentaron de estos líquenes produjeron leche y carne radiactivas, productos que debieron ser destruidos para evitar la posterior contaminación de las personas que se nutrían de ellos.

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