Mitos y leyendas chilenas

La mitología chilena es bastante abundante, en especial en ciertas áreas geográficas, y por lo mismo hemos realizado una selección de algunos de los mitos y leyendas más conocidos según su ubicación en la zona norte, centro y sur.

  • Primer Ciclo
  • Última actualización: 27/02/2012
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Zona Sur

El Basilisco nace de un huevo lloi lloi, que es incubado por una gallina vieja o un gallo rojo.

El Basilisco nace de un huevo lloi lloi, que es incubado por una gallina vieja o un gallo rojo.

El Basilisco

Criatura que tiene cabeza de gallo y un cuello largo como el de una serpiente. Nace de un pequeño huevo incubado por una gallina vieja o un gallo rojo.

Cuando en los gallineros aparece, de vez en cuando, un pequeño huevo blanco-grisáceo, de aproximadamente un centímetro de diámetro, redondo, de cáscara gruesa y rugosa, el pánico se apodera de la gente de Chiloé, ya que de él nace el terrible y despiadado monstruo llamado Basilisco, también conocido como Fasilisco, Athrathrao o Lagarto. Si se desea evitar que nazca, el huevo, puesto por una gallina vieja o un gallo rojo, se debe quemar de inmediato.

El aspecto del Basilisco es una mezcla entre ave y reptil. Tiene cabeza de gallo, un cuello largo y ondulante como de serpiente, cuerpo con forma de ave, con alas y patas pequeñas.
En el día se esconde bajo el piso de la casa en donde vive. En la noche, cuando todos duermen, sale de su guarida emitiendo un hipnotizante canto parecido al gallo, que hace caer en una especie de coma a los moradores. De esta forma, se introduce en los dormitorios y les absorbe el aliento y la saliva a sus ocupantes, robándoles su fuerza interna.

Quien es atacado comienza a sufrir una tos seca y a enflaquecer, hasta que queda reducido a un esqueleto. El final es trágico, pues uno a uno los habitantes de la casa enferman y fallecen. La única forma de terminar con este monstruo es quemar la casa.

El Basilisco no sólo seca a los moradores de las viviendas, sino que también puede sorprender a una madre que está amamantando. Cuando esta duerme, le succiona la leche de sus pechos, mientras entretiene a su bebé dándole a chupar su cola.

Este engendro también posee el poder de matar a quien lo vea, sólo con su mirada. Si solamente le alcanza a divisar un brazo o pierna, el individuo no muere, pero queda con aquel miembro paralizado por el resto de sus días.

El Imbunche

Se dice que cuando los brujos necesitan de un cuidador para su cueva, raptan al primogénito de alguna familia. También se cree que muchas veces es el mismo padre quien vende al niño o lo regala, a cambio de favores de parte de los brujos.

Este niño es el Imbunche (también conocido como Ivunche, Invunche , Vuta Macho, Machucho o Chivato de la Cueva), a quien los hechiceros deforman quebrándole una pierna, la que luego le tuercen sobre su espalda. También le doblan la cabeza hacia atrás y sus orejas, boca, nariz y dedos son torcidos igualmente. Además, le aplican sobre su espalda un ungüento que le hace crecer un pelo grueso.

Para caminar se apoya en su pierna buena y en sus dos brazos y manos, por lo que se dice que anda en tres patas. El Imbunche no puede hablar y sólo emite sonidos guturales y desagradables parecidos al balar de un chivo. Además, los brujos le parten la lengua en dos, para que no pueda revelar los secretos de su secta; existen historias sobre imbunches que lloran bajo la Luna, como si recordaran a su familia.

Durante el período de lactancia es alimentado con leche de gata negra (mujer india). Después con carne de cabrito (niños de corta edad) y, a partir de la juventud, de carne de chivo (carne de adulto). Los alimentos deben serle servidos sólo por los brujos.

Su función es proteger la entrada de la Cueva de los Brujos, participar en algunos rituales y arbitrar como un patriarca en algunos juicios.

Si bien debe permanecer en su puesto, en ocasiones el Invunche sale, cuando escasea el alimento o cuando los brujos lo utilizan como un asesino a larga distancia para aquellos que se atreven a interponerse en el camino de los hechiceros.

Cueva de Quicaví

Se dice que en la localidad de Quicaví (comuna de Quemchi) se encuentra una cueva que también es llamada Casa Grande. Esta sería la guarida donde vive el Supremo de los Brujos (un rey o gobernador) y estaría resguardada por el Imbunche.

En ella se encuentra una serie de objetos de brujería, como, por ejemplo, uno que revela el pasado, el presente y el futuro, y todo cuanto el Supremo desee conocer. También está el Macuñg, que es un chaleco luminoso que llevan los brujos por las noches y que les sirve para volar; este está hecho de piel humana.

Los brujos, cuando desean quedar a oscuras, se bajan el poncho, y si quieren luz, se lo suben.

Otros dicen que allí estaría el Libro o Revisorio, un instrumento usado para hacer diversos exámenes, y el Chayanco, utilizado para vigilar a todos los miembros de la comunidad de brujos.

La Cueva tendría su entrada en una quebrada y mediría aproximadamente 200 metros de largo y sería un sitio subterráneo con muchas dependen

El Pillán

Los principales dioses del pueblo mapuche eran imaginados como malos espíritus a los que había que apaciguar mediante algunos sacrificios. La más poderosa de estas divinidades era Pillán, el dios del trueno y el proveedor del fuego. Este dios provocaba los temblores de la tierra, las erupciones volcánicas y los relámpagos.

Se representaba como una divinidad corporal en varias formas. Los jefes guerreros que morían luchando eran reabsorbidos por Pillán y se convertían en volcanes; los simples guerreros lo hacían en nubes. A partir de esta creencia se elaboró el siguiente mito: durante una tempestad los indígenas miraban al cielo para ver hacia qué lado se dirigían las nubes, suponiendo que significaban la batalla entre ellos y los españoles invasores. Si las nubes iban hacia el sur, los mapuches se lamentaban porque significaba la derrota indígena; en cambio, si lo hacían en dirección al norte se alegraban por la derrota española que representaba.

El dios Pillán tenía como servidores a otros espíritus llamados wekufus, que para hacer el mal poseían la facultad de transformarse a su antojo. Los mapuches atribuían a estos espíritus todas las enfermedades y algunos de los fenómenos meteorológicos que ocurrían a destiempo, como por ejemplo que lloviese en el momento de recoger la cosecha.

La divinidad benéfica que tenían los mapuches era Anchimayén, la Luna, esposa del Sol. Protegía a este pueblo de los desastres y expulsaba a los malos espíritus, que huían por miedo a ella.

El Trauco

Es tal vez uno de los más representativos. Según la leyenda chilota, se trata de un hombre pequeño, deforme y de baja estatura, que habita en los bosques de la región. Sus facciones son gruesas y toscas, y su cuerpo, además de asemejarse al tronco de un árbol, está cubierto de fibras de quilineja (planta trepadora usada para la fabricación de canastos y cordeles). Usa un gorro en forma de cono, como un cucurucho, y porta una pequeña hacha de piedra o bastón de madera llamado pahueldún, con el que es capaz de derribar cualquier árbol, pues tiene la fuerza de un gigante.

Se dice que es capaz de matar a una persona con la mirada, siempre que la vea antes de ser observado; pero es más frecuente que ella quede deforme, con el cuello torcido, o sentenciada a morir dentro de un año.
Tiene instintos lascivos y procura siempre apoderarse de alguna mujer para abusar de ella.

La Pincoya

Es una mujer joven de extraordinaria belleza que representa la personalidad de los mares y las playas. Sale de la profundidad de las aguas a danzar en las playas o sobre las olas, semi-vestida con un traje de algas. Sus brazos y piernas son similares a los de una persona.

Cuando realiza su baile mirando hacia alta mar, significa que abundarán los peces y mariscos. En cambio, si lo hace con el rostro en dirección hacia la playa, indica que los peces y mariscos serán escasos. Si por la ausencia de la Pincoya la escasez se mantiene, es posible hacerla volver por medio de una ceremonia mágica donde intervienen brujos o machis.

Cuando los isleños naufragan, la Pincoya acude a su auxilio. A veces algunos pescadores la ven entre los roqueríos peinando su larga cabellera, rojiza o rubia. Su acompañante, como hermano o esposo, es el Pincoy.

La Fiura

Es una mujer de horrible aspecto, pequeña estatura y mal aliento que habita en los bosques. Es coqueta; se baña en las vertientes o cascadas, y luego peina su larga y abundante cabellera con un peine de cristal. Después del baño, se sienta sobre el musgo y permanece desnuda durante horas. Tiene un gran poder de seducción, y una vez que logra atraer a su víctima lo enloquece. Por eso las expresiones populares dicen que "lo tentó la condená".

Representa lo femenino de la perversidad y se deleita haciendo el mal a quienes la rechazan, sean estos animales o seres humanos. El mito dice que la Fiura los tuerce con el poder de su aliento, produciéndoles ciática o "tullimiento". Los animales quedan "descuadrilados" o quebrados sin tener señales de golpes o garrotazos.

El Camahueto

Es otro de los personajes que aparecen en la mitología chilota. Se trata de un ternero parecido al unicornio, de pelaje color plomizo muy brillante. En la frente posee un cuerno dorado que brilla a la luz de la luna. Los que lo han visto dicen que es un animal muy ágil y vigoroso, de gran hermosura. Nace y habita en las quebradas donde existe una caída de agua, y en lagunas pantanosas. En ese lugar permanece hasta los 25 años y después emigra al mar, pero para llegar a su destino destruye la naturaleza circundante y los sembrados de los agricultores. Según la leyenda, cuando alguien sabe que se está desarrollando un Camahueto en su terreno, busca un machi o brujo para que lo atrape en el plenilunio, laceándolo con una soga de sargazo, y lo conduzca al mar sin provocar daño. El machi que captura al Camahueto recibe una recompensa en dinero o especies y el cuerno del animal.

Las Tres Pascualas

A fines del siglo XVIII, en Concepción vivían tres hermanas, a quienes se las conocía como las tres Pascualas. Como era su costumbre lavar juntas la ropa en una laguna cercana a su hogar, se las veía frecuentemente afanadas en esta labor.

Una tarde, algunas mujeres encontraron sus cadáveres flotando en el agua. ¿Qué había pasado? Según se cuenta, las hermanas se enamoraron del mismo hombre, quien las sedujo y, luego, las abandonó. Desesperadas, ellas decidieron terminar con sus vidas y se arrojaron a la laguna. Inexplicablemente, se formó un gran remolino y las aguas, furiosas, se desbordaron. Cuando la quietud volvió, la laguna tomó la forma de la luna en cuarto menguante.
Desde entonces, los lugareños cuentan que algunas noches suelen ver lavando a las tres Pascualas.

Otra versión de la leyenda dice que a la casa donde vivían con su padre habría llegado a hospedarse un forastero. El hombre se enamoró de las tres muchachas y cada una, en secreto, le correspondió su amor. Sin embargo, él no supo a cuál de las tres escoger, así que las citó a la laguna en la noche de San Juan. Las esperó sentado en un bote y cuando vio su reflejo, desesperado, comenzó a gritar: ¡Pascuala!...

¡Pascuala!... ¡Pascuala! Las tres creyeron ser las elegidas, entraron en la laguna y se ahogaron. Desde entonces, se dice que en las noches de San Juan, en la laguna aparece un bote y se escucha una voz angustiada que llama a las muchachas.

La campana de Rere

Rere es una localidad ubicada en la Octava Región de nuestro país. En este lugar es famosa la leyenda de la campana de un antiguo templo que resultó destruido luego de un fuerte terremoto.

Esta campana pudo hacerse gracias a las donaciones de diferentes personas, quienes entregaron para su fabricación joyas, monedas de oro, plata, cobre, bronce y otros metales. La aleación de todos ellos le dio un maravilloso tañido, que se escuchaban a muchos kilómetros de distancia.

En una ocasión, se quiso llevar la campana a Concepción. Cuando la trasladaban en una carreta tirada por varias yuntas de bueyes, a poco andar no hubo fuerza que lograra hacerla avanzar, y se decidió volverla a su lugar, sin que se necesitara más que una sola yunta para hacerlo.

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